Bolivia al día

76616482_813981479045685_762124607892226048_oInquieto por las informaciones contradictorias que me llegan de Bolivia y las noticias que leo, que no es lo mismo. 29 son muchos muertos, uno lo es. Es lo que llevamos en un mes de bronca, movilizaciones y medidas políticas sobrevenidas poco claras y autoritarias y revanchistas sin recato. Ahora mismo solo la urgente convocatoria de elecciones con garantías de limpieza puede dar legitimidad al gobierno provisional y difuminar la impresión de un peculiar golpe de estado. Lo dice Carlos Mesa que ha postulado a la presidencia y no es porque él lo diga. Carlos Mesa, que ya fue presidente de Bolivia en un momento que parece olvidado. Entonces, en 2003, tenía detrás el telón de fondo de la Guerra del Gas que dejó más de 60 muertos en El Alto, donde ahora mismo la pugna callejera sigue y como entonces los masistas que apoyan a Evo Morales  intentan que no bajen camiones de combustible a La Paz. Resultado entonces: Sánchez de Lozada, el Goni, dejó su dimisión en el Congreso y escapó a EEUU. Resultado ahora: 6 muertos, por el momento.  Otros masistas apuntan a desconvocar movilizaciones y pactar y regresar al trabajo. Durante años he oido que Mesa, además de soportar un cúmulo de movilizaciones en su contra por parte del Mallku (a quien ahora mismo se lo oye poco o nada) y de Evo Morales, dimitió por flojo: por negarse a meter bala a las movilizaciones. La derecha se lo echaba en cara con desprecio. De lo que que he conocido, hablo. Al margen de las elecciones, ignoro cómo se puede salir de esta espiral de violencia popular y gubernamental. Ponerse en el papel de un tribuno espartaquista desde lejos es fácil, no hay riesgo alguno, pensar las cosas que te conciernen, a ti y a los tuyos en lo cotidiano, en un barrio bloqueado con la música de fondo del grito y los cachorros de dinamita, es más complicado.

A la sombra de Valle

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Vale-Inclán y sus matones en Luces de Bohemia. Sabio Max Estrella que sabe que frente a los esbirros, los matones y los burócratas tienes todas las de perder.

La presunción de veracidad del uniformado invita al abuso de autoridad… porque está pensada para eso.

El sentimiento de odio a la autoridad es algo incurable… expresarlo es delito. Curioso. Hay que esperar a estar a puerta cerrada.

El placer de salir victorioso e incólume de una bronca con un uniformado debe ser parecido al que siente el cazador que se cuelga sus trofeos en la pared de su casa.

Frente a los abusos y arbitrariedades de los esbirros del poderoso, sumisión, de lo contrario eres un alborotador y atentas contra el orden público y lo pagas.

La inadaptación, esa enfermedad social que tiene mala cura y acabará siendo delito.

Bolivia

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 Sabido es que los golpes de Estado los dan tus enemigos y que lo tuyo son siempre movimientos salvadores de la patria, lo mismo que sediciosos son los que no se suman al golpe. Justicia al revés. Es tradición. En Bolivia no ha habido golpe de Estado porque así lo han decidido las autoridades provisionales, sus fuerzas armadas y la Unión Europea. El asunto del discutido fraude electoral empieza a quedar lejos, lo mismo que los preparativos de este, incluido un referéndum de continuidad de Morales en el gobierno que o bien nunca tuvo que celebrarse o hubo que acatar su resultado. Solo queda el alborozo generalizado por haber tumbado a Morales… desde la derecha neoliberal, el autoritarismo sin recato y el racismo, algo que siempre es del prójimo, nunca de quien lo ejerce con ventaja. Alborozo nacional de sus opositores políticos y extranjero por parte de quien jamás ha pisado Bolivia porque no interesa. Lo mismo que siempre paga los matones quien pierde, no quien azuza la Caterva, esa masa rugiente que no hay que confundir con el pueblo y que ocupa calles como un tornado, y sale ganando del tumulto.

         Es posible preguntarse por qué salió de estampida Evo Morales desde su refugio del Chapare cocalero, de donde es originario y donde tiene buena parte de valedores. No parece creíble que fuera solo porque se lo sugirieron los militares, aunque bien es verdad que sugerir no es lo mismo aquí que allí donde en la prensa se sugiera a delincuentes que se entreguen.

         Resultan muy expresivas las autoridades sobrevenidas (y dicen que provisionales), que de manera rabiosa hablan de biblias y cristos, de justicia divina y satanás para enmascarar la venganza, de salir «de cacería» contra miembros del gobierno de Morales que están desaparecidos, o que mienten con descaro mientras muestran las habitaciones privadas de Evo Morales en la casa del pueblo aledaña al Palacio Quemado, sede del gobierno, al hablar de robos y alzamientos sin poder decir qué se roba y qué se alza, porque no se trataba de eso, sino de azuce anti Morales.

         Si no fuera un golpe de estado de nuevo cuño y mano blanda no habría asilados en embajadas o huidos a países limítrofes por miedo fundado a las represalias arbitrarias… o escondidos. En eso, Bolivia es un país con memoria y sabe que los cambios bruscos como ha sido este traen consigo atropellos. Mientras tanto las marchas en apoyo de Morales se recrudecen por un lado con resultados luctuosos (nueve muertos en Cochabamba) y caen por otro con desconvocatorias de marchas y movilizaciones, el país se resiente con los bloqueos en la economía cotidiana de la clase trabajadora y los nuevos amos piden picota, cabezas y mucha cárcel sin que haya jueces que lo digan ni hayan ordenado detenciones, mientras se extiende una política de desinformación y de falsas informaciones, lo que se llamaba propaganda negra.

         Curioso golpe de estado con todo cuando la presidencia del Senado y de la Cámara de Diputados está ahora mismo en manos del MAS (Movimiento al Socialismo), el de Evo Morales, porque tenían mayoría. No soy adivinador del porvenir para saber qué puede pasar en un futuro inmediato. Elecciones cuanto antes, sí, pero de manera previa es necesario nombrar un Tribunal Supremo Electoral y para eso hace falta consenso y alejar de las urnas la sombra de intervenciones exteriores a la propia Bolivia; algo que está por ver.

         Los organismos internacionales piden de manera ritual, pero sin mucho convencimiento, la celebración urgente de elecciones, algo que se puede demorar mientras el gobierno de transición conservador y de orden a ultranza tenga apoyos sociales satisfechos con sus medidas poco transitorias: expulsión de diplomáticos venezolanos y ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela; salida de urgencia de 730 cooperantes médicos cubanos; puerta abierta al retorno de la DEA y con ella a otros maleantes; salida de organismos internacionales como el Grupo ALBA y posible salida de UnaSur, destitución del 80% de los embajadores del gobierno de Morales; amenaza a periodistas que difundan noticias que se consideren contrarias a la situación creada por el nuevo gobierno…

         Y algo más. No estamos en Bolivia, tan solo comentamos noticias y documentos gráficos, pero noticias insisto, que tienen en este momento un evidente sesgo tendencioso. Quiero decir que ignoro lo que de verdad pasa en Bolivia y cómo se ha preparado, desde hace tiempo, este golpe de mano blanda que ha funcionado con la precisión de un reloj de cuco.

La detención de Rodrigo Urquiola (Rodri)

La detención de un buen amigo, escritor muy valioso, en compañía de Daniel Averanga, otro amigo y escritor de primera, alteño, y de Mamani…

Rodri anduvo hace unas semanas por España para recoger un premio y fue luego a Francfort.  Conozco su barrio de Chasquipampa, donde ha habido bloqueos y vandalismo, y no es precisamente un barrio «de ricos».

En el periódico La Razón, de Bolivia.

Aprehenden y liberan al escritor Urquiola

El escritor estaba acompañado de Daniel Averanga, Rodrigo Villegas y Gabriel Mamani (el último ganador del Premio Nacional de Novela), cuando se produjo su aprehensión.

Momento en el que Rodrigo Urquiola es aprehendido.

Momento en el que Rodrigo Urquiola es aprehendido. Foto: Paola Chávez

La Razón Digital / Erick Ortega / Paola Chavez / La Paz

17:37 / 15 de noviembre de 2019

El escritor Rodrigo Urquiola fue aprehendido momentos después de que una manifestación pasó por la avenida Mariscal Santa Cruz, cerca de las oficinas de Tránsito. Fue liberado poco tiempo después, luego de una requisa de sus pertenencias.

El escritor estaba acompañado de Daniel Averanga, Rodrigo Villegas y Gabriel Mamani (el último ganador del Premio Nacional de Novela), cuando se produjo su aprehensión.

Al menos tres oficiales se acercaron al escritor y le pidieron que abra su mochila, ahí él tenía una wiphala y libros de su autoría. Luego, por la fuerza y sin escuchar razones, los policías se llevaron al escritor en una camioneta.

Urquiola es un escritor reconocido en el ámbito literario nacional. Ganó el premio Franz Tamayo, además de otros concursos dentro y fuera del país.

En los últimos días, él denunció que en Chasquipampa, una turba de manifestantes intentaba saquear las casas de los vecinos. Participó con sus vecinos en la protección y vigilias de su zona.

(15/11/2019)

 

Breves del delirio nacional

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Lo decía Joe Gines, malicioso,  fumando un puro a la puerta de la taberna del barrio y con la farmacia abierta: «En el gimnasio del bario había uno que hacía furiosamente spinning y para encorajinares se ponía videos de manifestantes catalanistas y al tiempo que pedaleaba, como si le fuera la vida en ello, rezongaba con rabia: «¡Canallas, cobardes,  hijos de puta…!»… de pocas le dio un jamacuco». Sí, eso dijo Hynes, antes de pedirse un chupito de Jameson en honor de su amigo Michael Leige, difunto.

Dijera el amigo Gines lo que dijera, en la taberna del barrio, los añosos jubilados de medio lujo afirmaban que Tele-Madrid está en manos de la izquierda. Bebían Ribera de Duero y no Valdepeñas común,  al tiempo que atacaban un platazo de patatas bravas, y anunciaban con la boca llena el desastre la nacional, la ruina inminente, la vuelta de los fusilamientos de Paracuellos. Ellos saben, ellos han visto, aunque no quedara claro el qué.

Por su parte, en otra esquina, el mangante cincuentón, comercial del humo, el bocazas del barrio, que si va a la taberna es para tener audiencia, anunciaba la  próxima guerra civil y se echaba las manos a la cabeza preguntándose cómo  «con tanta gente preparada no hayamos  aprendido nada… ¡¿A dónde va a ir la empresa?!».

El país real, el país de la mala leche, el que se ha expresado en las urnas, ha sacado 52 diputados y habla del regreso de las cartillas de racionamiento mientras llena sus andorgas y despensas en comederos que no paran…

 

Breves de la chamusquina

DQeq5qnXUAAIlzD«¡La Biblia ha vuelto a Palacio!», exclama la presidenta de facto boliviana… Malo, con que dentro del Palacio Quemado estén la Constitución y las leyes, basta y sobra.

Es la «Justicia Divina» lo que dice uno de los golpistas más activo que le mueve a actuar…  peor.

En Bolivia, como en todas partes, golpes son los que dan tus enemigos, lo tuyo es siempre movimientos de salvación de la patria.

Sedicioso es el que no se suma a los golpes: justicia al revés (España, 1936)

La expresión ir de cacería referida a enemigos políticos revela un auténtico ánimo de reconciliación nacional.

Amenazar al mensajero con enchiquerarlo si se aparta de la verdad oficial sirve para sentar las bases de la libertad de expresión e información.

No es necesario aportar pruebas de lo que se dice cuando se trata de mostrar lo que el público quiere ver o de reforzar aquello en lo que ya está convencido y quiere oír… En otros momentos eso mismo se llama echar bencina a la hoguera.

En Bolivia, tierra de fraternidad y de mucho hermano y hermanito, Caín también anda suelto: «¡Sé mi hermano o te mato!», decía Chamfort.

Mientras tratemos  entre miembros de nuestra propia clase, no somos clasistas, porque nadie sospechoso escucha nuestras burlas y desprecios.

Racismo, racismo…eso es siempre cosa del otro, de blanco, del indio, del negro, del cholo… las fraternales expresiones indioemierda o choloemierda están reservadas a tenidas entre iguales o a desprecios de arriba a abajo.

No hay indecencia o crueldad que no se haga virtud gracias a los aplausos del público.

Lo decía un amigo: los doberman no están obligados a estarte agradecidos por muy bien que les des de comer.

Sugerir: en Bolivia significa algo muy distinto a lo que por aquí se entiende. Basta leer los anuncios que se publican en prensa a la caza de morosos o estafadores.

*** Sobre la imagen, de Juan Quisbert, tengo que decir que o mucho me equivoco o ese edificio histórico nunca tuvo que derribarse.

Caza de citas (Annabel y Bernard Buffet)

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«Il faut un grand équilibre pour s’offrir le luxe de rester seul avec soi-même.» Annabel Buffet,  escritora, cantante, personaje intenso.

Sí, cierto, quedarte solo contigo mismo es, en determinadas condiciones, un lujo hasta cuando no queda más remedio y lo que es inevitable se disfraza de vocación eremítica, y el equilibrio se queda pendiente para mañana, o va y viene, como un  dominguillo movido por vaivenes de la climatología de la sesera.   «Tener buen seso». Lo recomendaba fray Antonio de Guevara en su Menosprecio de corte. 

Por lo demás, como todo lo que atañe al romanticismo de la soledad, esta tiene dos caras, y una de ellas poco grata, se diga lo que se diga. Jactarse se vivir en solitario me parece una arrogancia propia de donfiguras, muy literario, eso sí, pero con un día a día que tiene sus dificultades.

Irrelevancias. Autorretratos de escaso interés. ¿A quién le interesa cómo vives o dejas de vivir?  Este cansino y continuo pulso entre mirones y exhibicionistas.

Bernard Buffet, el pintor de mis quince años. París luego, verano de 1967… ya lo he contado en otra parte. No voy a repetirme. Es parada obligatoria del «viaje alrededor de mi cuarto». La iglesia de Saint-Germain-des-Prés. Vivía a dos pasos (alojamiento conventual más que bohemio) y muy cerca de la galería donde vi el primer cuadro del pintor.

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Divagación del barrio

IMG_20191007_072445.jpgEn mi barrio no vive el presidente, que decía Zitarrosa en su Guitarra negra, aunque haya días que la muerte se pasee por las paredes y te obligue a preguntarte, para variar, qué demonios haces aquí, en este barrio del extrarradio, entre otros asuntos de singular animación. Me llama la atención que en las tabernitas del barrio, al margen de los jubilados ancianos,  los propietarios rehuyen la conversación y te miran desconfiados, como si temieran algo. Unos son peruanos y otros rumanos. El peruano, cuando le hable del Ekeko y las miniaturas de Alasitas –la gallina, la maleta, la casita…– que tiene  colgando de la botillería, no me ha vuelto a hablar. Saluda, pero se escurre. Vete a saber las vidas que tienen detrás. Los viejos suelen estar arracimados en torno a sus precariedades, sus recuerdos y sus futboleos, y su vaso de vino o su copazo de coñac hasta el borde o de pacharán escondido en una Coca-Cola. Me tomaron por carterista la primera vez que me vieron entrar. No eres del barrio, no hablas como ellos y eso impone una distancia rara. Prefiero poner la oreja y oír lo que dicen. Además, llevas la bolsa de la compra en la mano y eso extraña, salvo en viudos, algo que recuerdo le molestaba mucho a la Manolita Ruiz, aquel columnista de El Mundo que se escuchaba a sí mismo con auténtico placer y tenía un gran sentido de su importancia. Eso sí, los que me saludan alborozados por la calle son los chinos del comercio que más cerca tengo de mi casa, más él que ella, que es reñidora, pero hablar, es decir, conversar, no mucho.

Bolivia, en el corazón y en la cabeza.

EJCEp-BXUAYtS1jEntiendo la alegría de aquellos de mis amigos que han sido opositores más o menos activos al Proceso de Cambio del MAS y de Evo Morales. Han sido muchos años de gobierno (también en Alemania y nadie dice nada), con logros y avances sociales innegables, pero bastantes errores graves –cuando menos vistos desde lejos– como la imposición de un nuevo mandato, el último; oscuridades –corrupción institucional y narcotráfico imparable–, «alcaldadas» y atropellos (las andanzas nunca aclaradas del ministro Quintana en sus feudos de Amazonía)… las cosas empezaron a torcerse y deteriorarse hace tiempo de manera imparable, y empezó también a cundir el descontento, bien es verdad que azuzado de continuo. El rumor de Fronda ha ido creciendo en calles, medios de comunicación y despachos desde hace años. Gregorio Iriarte me decía hace ya unos cuantos años que Evo no había hecho ni todo lo que podía ni todo lo que debía, y que debajo de la propaganda oficialista muchas lacras sociales seguían como siempre. Pero ahora me inquietan (por haberlo visto en algún momento de cerca) las furias callejeras, el odio desatado, el fuego como argumento, los linchamientos, los actos vandálicos, los saqueos, los asilos en embajadas, los militares «sugiriendo» dimisiones y poco menos que árbitros de la situación, la venganza y la revancha que un líder del momento que apoya los tumultos tras la renuncia de Morales, califica de «justicia divina». No me las doy de bolivianólogo y no voy a alborotar con lugares comunes y mucha ignorancia de fondo.
No es golpe, dicen. No me lo creo, o no solo eso; como tampoco me creo la espontaneidad de las manifestaciones y bloqueos de calles y carreteras.   Esto de ahora viene urdiéndose desde hace tiempo, las últimas elecciones y el precedente del referéndum han sido el detonante. Aunque visto desde lejos haya funcionado con una rara precisión de reloj de cuco. La estampida gubernamental es la de quien se siente seriamente amenazado.
Las furias callejeras me han recordado un  ensayo, Paranoia aimara, de Oscar Olmedo, en el que se analiza la Caterva, ese movimiento furioso e imparable cuando es azuzado, autodestructivo, de ideología cambiante, y que se adueñan de las calles de Bolivia casi a fecha fija y no hay quien lo pare hasta que se apaga. Quien la azuza lo sabe.
Además, soy consciente de que lo que yo opine o cuente no interesa; ahora mismo u oficias de tribuno golpista y justiciero o de guerrillero de sofá y barricada en redes. Tomas partido aunque calles. Bolivia es la gran desconocida y hace daño leer las sandeces que desde España se escriben sobre lo que allí sucede. Ahora cunde el cruce de patrañas, la desinformación, la propaganda negra, el sálvese quien pueda y las trastiendas que desconocemos positivamente; además de las ganas de picota. No sé cuál puede ser el futuro inmediato de ese país que me apasiona, pero me inquieta, y me inquieta la suerte de algunos amigos que creyeron en el Proceso de Cambio y lo han sostenido hasta el final, a pesar de los pesares. Mesa, que de golpista no sé si tiene mucho,  corre peligro de verse arrastrado por movimientos radicales poco claros y violentos, y de perder de ese modo legitimidad para postularse a la presidencia en las urnas.  No soy adivinador del porvenir, pero temo, en todas partes, las políticas regresivas y reactivas, y las movilizaciones de las últimas semanas, tan populares, tienen trastiendas que desconocemos.

*** La fotografía es de Juan Quisbert.

Los cuatro gatos

D9qjsIeXYAEStqILOS CUATRO GATOS.- Hace nada eran cuatro gatos, unos energúmenos risibles que suscitaban las chanzas y el desdén de los que saben cómo son las cosas y lo dictan. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que no era así ni mucho menos. Hoy no solo llenan calles y plazas, sino que corre peligro de que aquellos cuatro gatos se conviertan en la tercera fuerza parlamentaria del país. Es para preguntarse qué ha pasado. Estaba el 11-M y su espíritu, no sé si recuerdan. Yo apenas, pero con asombro. Hace siete años, en lo más turbio del gobierno de Rajoy, parecía que, dadas las condiciones de descalabro social, era posible un cambio político progresista que revirtiera la destrucción del estado del bienestar e impidiera el progresivo recorte de libertades civiles y derechos sociales. No fue así, no ha sido así, sino todo lo contrario. Vino la ley Mordaza, se fue privatizando todo lo privatizable, se emprendió una política de vivienda de un alcance funesto cuyo fin no hemos visto –a la manera en que se han esfumado en muchos lugares las viviendas sociales me refiero–, el mercado laboral se ha deteriorado de tal manera que amenaza con generalizar poco menos que las peonadas.

Y hay algo más: los cuatro gatos que representan a la extrema derecha no están solos. Comparten propuestas, proyectos, fragmentos ideológicos y berreos violentos con otras fuerzas políticas de la derecha que les permite llegar fácilmente a alianzas de gobierno e imponer su ideología reaccionaria y regresiva. Además, cuentan con la complicidad de una clase intelectual que mira para otro lado o cuando menos permanece en silencio porque los medios de comunicación en los que vocean no se enfrentan de manera decidida a esa corriente reaccionaria y precursora de un fascismo de nuevo cuño basado en el estado autoritario que se extiende de manera imparable por toda Europa.

El país se echa las manos a la cabeza cuando el presidente en funciones se enreda hablando de la dependencia gubernamental de la fiscalía, pero lo cierto es que ya hace años que el país padece una justicia de inspiración política que convierte ciertos procesos en procesos políticos. No hace falta que los órganos del poder judicial estén a las órdenes directas del gobierno socialista o del que venga, con que sus miembros compartan la ideología de la derecha más cerril basta y sobra. Pueden negarlo todo lo que quieran, lo que vemos una parte de la ciudadanía es algo más que desacuerdo con sus fallos. Con todo, no hay que rasgarse las vestiduras, en realidad representan a un amplio sector de la población que aplaude sin reservas sus sentencias de índole política.

O el país más progresista ha desertado y se ha entregado, o a la vista de los resultados electorales y de la incapacidad de pactos de izquierda (centroizquierda como mucho), habrá que concluir que España es un país conservador que vota más en contra que a favor de todo lo que suene a cambio social y político, y huela siquiera de lejos a izquierdas o a independentismo porque ahora cualquier afirmación de diferencia lo es. Veo la furia con la que en barrios populares se arrancan carteles a favor de la rebeldía climática, veo la furia patriótica de banderas como navajas… Lo hace gente que de una manera u otra padece el sistema neoliberal o está amenazada por él. Lo que priva es la patria, es decir, la suya, esa que han hecho garrote, que parece la panacea para todos los males. Ahora mismo, una parte nada desdeñable de la ciudadanía recibe con alborozo la propuesta de ilegalizar partidos independentistas, lo mismo que apoya de manera expresa políticas xenófobas y racistas, antisociales en lo laboral y fiscal, y atiende a consignas falaces históricas, económicas, sociales… No son cuatro gatos. El país de las autonomías, de la diversidad aceptada mal que bien, quedó muy atrás y el de las alegrías democráticas también. El tiempo es otro y requiere unos pactos como el que piden romper en Navarra con un nulo respeto hacia unos ciudadanos que prefieren una forma de gobierno con resultados plausibles y sentido social. Es en lo local donde se juega lo posible.

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 10-XI-2019