Toreos de salón (diario volátil)

535c0d5d8fff3c426da2ec6197d1679f--la-colle-la-renaissancePatético o descacharrante el escritor que oficia de maldito a su pesar y de ir a contrapelo,  que acepta invitaciones cortesanas, «salonardas», para hacer de comparsa de bulto, sin darse cuenta de que esas invitaciones le llegan porque quien las cursa ignora por completo quién es y cuál su arte.

Y casi más patético resulta el que, ya de manera muy tardía, piense que de ese modo «pueda sacar algo» o que cuando menos le pueden poner  durante un rato la mano en el lomo del alma.

No estás para reírle las gracias a nadie que, en la feria de las vanidades sociales, esté por encima de ti, ya sea por suerte o por dinero, y mucho menos para tocarle las narices y esperar que, encima, te paguen por ello.

Quien puede pagarse hombres de mano, puede también pagarse sus propios bufones, esos que le van a decir solo lo que quiere oír.

En las mojigangas oficiales se pierde con facilidad la independencia y es fácil pasar por quien no eres.

Estropear fiestas ajenas con regüeldos y sin otro motivo que marcar distancias, es una grosería.

El haber cometido tonterías no te obliga a seguir cometiéndolas de por vida. Nunca es tarde para cerrar la puerta a los reclamos donde puedes dejar el poco de dignidad que te quede, y si llaman, contestar que te has ido, que no hay nadie.

No dejes que te engañen diciendo que estáis en el mismo barco… a no ser que sea el de los locos.

Nada mejor que no salir de tu mundo… si es que lo tienes.

 

Estrépitos e insolencias (diario volátil)

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La empatía del amigo bibliómano se reduce al ámbito de la letra impresa y a las rarezas de imprenta. Fuera de eso, la estolidez suele ser total.

Con las amistades vinosas sucede algo parecido, si dejas el trago, el paisaje se despeja una barbaridad y hasta puede dar en el encono.

El descacharrante personaje que tiembla de emoción al recitar de manera pomposa los títulos y posesiones de sus conocidos que, por su parte, le desconocen.

 

 

 

 

Fingimientos y desarraigos (2000-2017)

Han pasado casi diecisiete años desde la última vez que publiqué poemas reunidos en un libro. En diecisiete años caben varias vidas. No es el mismo quien empezó a escribirlos en una casa del valle de Baztan, que al final no fue la de la vida, y quien los acaba de reunir, en el mismo valle, en otro pueblo, sabiendo que está de paso. En este tiempo ha  habido cambios de casa y viajes, y con ellos han cambiado los escenarios, los humores y las rutinas de vida; han fallecido ya muchos de los compañeros de ruta; los tiempos que parecían afables o aceptables en lo público y en lo privado se ensombrecieron de mala manera y eso creo que se nota mucho en lo que he escrito.

Nunca dejé del todo de escribir poemas.  Eso sí, hubo años en que no escribí gran cosa, versos sueltos, poemas truncados; los otros se fueron quedando a la espera de vete a saber qué. La desgana o la pereza, o las dos cosas.

Ajuste de cuentas hay, no voy ni a negarlo ni a esconderlo, pero sobre todo conmigo mismo, con empeños, afanes y grandilocuencias emocionales que han dado en poca cosa o en nada, y que en el momento de su escritura parecían poco menos que de vida o muerte. Pessoa está detrás de la primera parte del título, pero tampoco hace falta ser Pessoa para reparar en que no hay puesta en escena que no tenga algo o mucho de fingimiento, algo más que un lugar común. León Felipe por su parte, con  unos versos de su poema «Qué lástima»,  está detrás de los desarraigos.  Arraigo, desarraigo, puesta en escena, exabruptos, sí, conjuros, osadías, despropósitos, añoranzas, desahogos, burlas y exorcismos contra el desacuerdo con uno mismo que el paso del tiempo me hace ver que resultan a la postre ineficaces, por mucho poema que escribas.

*** El libro estará en las librerías cuando llegue septiembre…

Luis Cernuda, epígrafe

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Versos de Luis Cernuda, en Ser de Sansueña (1949), para epigrafiar un poema de Fingimientos y desarraigos inspirado en el vivir nuestro de cada día y en los carnavales y esperpentos de José Gutiérrez-Solana

La nobleza plebeya, el populacho noble,
La pueblan; dando terratenientes y toreros,
Curas y caballistas, vagos y visionarios,
Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
Bien que ello te repugne, de su fauna.

Impunidad y despropósitos

Ayer hizo 39 años que un mando policial ordenaba a sus fuerzas: «Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, y lo más fuerte que podáis, no os importe matar».

El resultado fue un muerto y cientos de heridos, seis de ellos de bala, dentro y fuera de la plaza de toros de Pamplona. Los sanfermines fueron suspendidos. Nadie pagó por aquello ni por ninguna de las rebabas de la ejemplar Transición, que fueron muchas. Dentro y fuera de Pamplona el olvido de lo sucedido y la absolución de los autores –y de otras infamias policiales-gubernamentales– es absoluto, por voluntad de olvidar y porque sí, porque negar lo sucedido, y con ello avalar la impunidad de los uniformados, es una seña de identidad política y porque estropea el paisaje de una impecable democracia que es un patio de Monipodio en el que se homenajea a Martín Villa, directamente relacionado con lo sucedido entonces.

Si algo va caracterizando la vida pública española es la impunidad gubernamental, la negativa a investigar –sancionada repetidamente por las instituciones europeas y la ONU-, la morosidad procesal, si de abusos policiales se trata, la imposición de penas leves a uniformados o sus indultos –pienso en lo sucedido con los autores de los asesinatos de Almería–, que en muchos caos equivalen a encubrimiento de facto de los hechos cometidos o su absolución social, al margen de la sociedad, en ese coto cerrado que es el gobierno y sus cloacas… que hablen de seguridad jurídica en estas condiciones suena a sarcasmo.

Resulta ineludible referirse a lo que está sucediendo con Alsasua. Considero la petición fiscal y la calificación de los hechos un despropósito jurídico y un uso político y sectario del ordenamiento jurídico, más proclive a la venganza y al escarmiento que al sentido de la equidad y la proporcionalidad que, en mi opinión, debería inspirar las decisiones judiciales, empezando por la fiscalía.

Los agravios comparativos, las dos medidas, la sombra espesa de una justicia desigualitaria, la indefensión, la mentira institucional, la quiebra social y el agravio que no cesa, aparecen en el fondo de esta escena. Mete miedo en qué se ha convertido lo que nadie me va a convencer que no fue una pelea de bar y una historia más turbia que otra cosa, reprobable por supuesto. Este procedimiento está viciado de manera política y mediática desde que se echó a rodar –de manera infame en lo que respecta a medios de comunicación– y prefiero no hacer cábalas sobre cómo puede terminar. Nadie que no discrepe de la versión oficial ha puesto en duda la veracidad del relato de los hechos  porque este se ha montado para obtener unos cómodos aplausos políticos y de público. Nuestros gobernantes nos han acostumbrado a que las versiones oficiales, tan parecidas a las consignas, no tengan credibilidad alguna, salvo para sus adeptos.  Nada importan los atestados del primer momento, las declaraciones del jefe de la Guardia Civil en Navarra, el dictamen de la Audiencia de Navarra, los testimonios presenciales, los verdaderos informes forenses… los mismos hechos se han tergiversados en múltiples detalles para acomodarlos al resultado procesal. A lo que queda del abogado en ejercicio que fui le gustaría ver los informes forenses, repasar en detalle las actuaciones, examinar a los testigos, fijar las circunstancias indubitadas de los hechos…  Por lo demás, es difícil añadir algo a lo ya dicho de manera amarga y menos airada de lo que la actuación togada se merece.

Y lo que es peor, a mi juicio, Alsasua se ha convertido en una trinchera enconada que enfrenta a la ciudadanía. No hace falta sino leer las indecencias que se han escrito en medios gubernamentales o en las redes sociales, que piden el linchamiento de los detenidos sin rubor alguno. Esto es lo que va a quedar de lo de Alsasua, más allá de la sentencia: el agravio que no cesa, el encono, la quiebra social.

 

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, el 9.7.2017

Los cuatro gatos (diario volátil)

44fbf37aad492433b1f675785896f3e6La lección de las redes sociales: si hablas de lo que pasa y arma bulla, tienes no sé si lectores, pero sí seguidores, amigos, megustas y demás… a millares a veces. Es probable que no compren tus libros, pero el titular, la frase afortunda, rotunda, la opinión contundnete, esa sí, esa recibe el aplauso barato de la herramienta informática.   En cambio, si vas a tu aire, compartiendo lo que llamas tu mundo literario, hazte a la idea de que los lectores son los de siempre, esa parroquia de la taberna de los cuatro gatos que es tu mejor apoyo, tu referencia, para ellos escribes porque te leen. Puedes considerarte afortunado de tener esa taberna y esa parroquia. Ni se te ocurra cerrarla. Se lo debes en este tiempo confuso, de impresiones efímeras, volátiles…

El precio de tener lectores es saber olfatear para donde sopla el aire, lo que hoy arma ruido y mañana no es ni eco, ceniza como mucho, caña chamuscada de fiesta veraniega; y decir lo que el público quiere oír, no otra cosa. Es raro que crees tú la opinión, está en el aire, es como si se creara sola, como si solo fuera ruido y zarabanda, y tú su eco.

Hoy es para mí un buen día. Esta mañana le he enviado a mi editor un libro de poemas  escritos entre el año  2001 a meses pasados. Son 72 poemas. El título, Fingimientos y desarraigos porque de los dos hay.

Mundinovi. Gazeta de pasos perdidos (1987)

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Vaya esta imagen de Tiépolo para recordar una recopilación de artículos que publiqué en 1987 titulada Mundinovi. Gazeta de pasos perdidos. Eran artículos literarios, mucho, que hoy no creo que pudiera volver a escribir y mucho menos a publicar. Ya entocnes creo que eran una extravagancia. ¿Dónde además? A regañadientes escribo cada semana de este presente que nos tiene agarrados por las solapas y del que por mucho asco que me produzca no puedo desprenderme, desentenderme. Envidio aquel desapego que aconsejaba Hume y añoro lo literario, pero no veo cómo regresar a ese terreno que en parte se ha desvanecido para mí o lo veo agotado. Evocaba el otro día a Léo Ferré cuando en ... Et basta!  dice: «Quand la merde déborde c’est encore de la merde». ¿Qué es lo literario y qué no, qué lo que es crónica efímera de un tiempo oscuro, de acusados sectarismos, de raros lectores encima…?

Sanfermines 1978

Jorge-Nagore-003«Dad la vuelta a la plaza, preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías, y lo más fuerte que podáis, no os importe matar». Pamplona, 8.7.1978
Impunidad. Nunca hubo intención alguna de llegar al fondo del asunto, ni política ni judicial. Quien repase folio a folio las diligencias judiciales y con un mínimo de conocimiento jurídico, se dará cuenta de esto. El ambiente era tan espeso y amenazante que hubo abogado actuante que guardaba su copia del sumario en la caja fuerte de un banco… Je me souviens.

La fotografía es de Jorge Nagore.

Alsasua, un despropósito

Lo considero un despropósito jurídico, pero lo que yo considere y nada es lo mismo. Aunque no sepa qué decir, no puedo quedarme callado ante lo que considero un uso político y sectario del ordenamiento jurídico, más proclive a la venganza y al escarmiento que al sentido de la equidad y la proporcionalidad que, en mi opinión, debería inspirar las decisiones judiciales, empezando por la fiscalía. Los agravios comparativos, las dos medidas, la sombra espesa de una justicia inigualitaria, la indefensión, la mentira institucional, la quiebra social y el agravio que no cesa, aparecen en el fondo de esta escena. Mete miedo en qué se ha convertido lo que nadie me va a convencer que no fue una pelea de bar y una historia más turbia que otra cosa. Este procedimiento está viciado de manera política y mediática desde que se echó a rodar –de manera infame en lo que respecta a medios de comunicación– y prefiero no hacer cábalas sobre cómo puede terminar. Nadie que no discrepe de la versión oficial ha  puesto en duda la veracidad del relato de los hechos –tergiversados en múltiples detalles para  acomodarlos al resultado procesal– porque este se ha montado para obtener unos cómodos aplausos políticos y de público. Nuestros gobernantes nos han acostumbrado a que las versiones oficiales, tan  parecidas a las consignas, no tengan credibilidad alguna salvo para sus adeptos.  Nada importan los atestados del primer momento, las declaraciones del jefe de la Guardia Civil en Navarra, el dictame de la Audiencia de Navarra, los testimonios presenciales, los verdaderos informes forenses… los mismos hechos se han tergiversados en múltiples detalles para  acomodarlos al resultado procesal. El asunto de Alsasua cada día se parece más a un montaje político-policial-mediático que busca imponer el relato de unos hechos y una condena ejempalr de los mismos, en aras de intereses políticos y faltando a la verdad, o construyendo esta a modo de consigna ampliamente asumida desde el encono. A lo que queda del abogado en ejercicio que fui le gustaría examinar los informes forenses, repasar en detalle las actuaciones, examinar a los testigos, fijar las circunstacias indubitadas de los hechos…  Por lo demás, es difícil añadir algo a lo ya dicho de manera amarga y menos airada de lo que la actuación togada se merece.

http://www.publico.es/actualidad/fiscalia-pide-50-anos-prision-siete-ocho-detenidos-agresion-altsasu.html

Cementerio de Azkona, lección (1909)

Cementerio Azcona 1909 (2)Dices que se te duermen los dedos,
que no reconoces tu escritura,
que se te cierran los párpados…
Calafateo un negro barco hacia el olvido,
un velero sin velas ni remos,
con ir a la deriva,
a merced de la corriente, basta.
Jinete derribado en el sarcófago de Alejandro,
busco genealogías sombrías de muertos de respeto,
plata perdida en embalsamadores y panteones,
tanto creer en la resurrección de los muertos,
tanta monserga beata y trapacera,
tanto sermón del valor de la familia,
tanto aplomo en la patraña de feriantes,
tanta obra pía emboscando negocios sucios
y tanto blasón de antepasados brumosos,
para ir a dar al chirrión más oscuro,
allí arrojados, impertérritos.
Dónde están, a dónde fueron o los llevaron,
ni los nombres dejaron, humo tal vez,
el ciprés, en cambio, les sobrevive lozano…
Sic transit gloria de engañados.

Poema perteneciente al libro Fingimientos y desarraigos que aparecerá cuando el verano vaya de vencida.