Falta de respeto

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No sé si la cita es o no de Michel Foucault, pero no está mal: «El pez nunca descubre que vive en el agua. De hecho, como vive inmerso en ella, su vida transcurre sin advertir su existencia. De igual forma, una conducta que se normaliza en un ambiente cultural dominante… se vuelve invisible». Algo así es lo que me parece que estamos viviendo a diario en nuestra vida pública hecha privada.

Buenos propósitos

Consejoguerra[1]

 Parece como que dicen que a lo mejor* el Gobierno socialista se propone anular los llamados «juicios del franquismo». Eso al menos ha declarado la ministra de Justicia. Son muchos juicios, demasiados. Empezaron en 1936 y terminaron muy tarde.

Está bien ese propósito. Es para celebrarlo porque esos juicios son un monumento a la burla del derecho, a la legalidad torcida, a la indefensión y al abuso. Y no solo eso, sino que dicen que tal vez esté en su agenda la ilegalización de asociaciones que hacen apología expresa y virulenta del franquismo, como la Fundación Francisco Franco, que no solo ha contado con el apoyo económico de anteriores gobiernos, sino que se ha permitido el lujo de accionar en justicia y de intervenir en la vida pública española con censuras y amenazas. Y como ella, otras cuantas  que han cobrado vigor y presencia a la sombra del Partido Popular en derrota, que denuncian a quien les viene en gana si consideran que los denunciados han incurrido en agravios de corte sagrada.

Y no solo eso, sino que la ministra de Justicia ha hablado de una Comisión de la Verdad, de emprender de manera oficial una búsqueda de desaparecidos y asesinados, y de establecer un censo oficial de estos. Sorprendente… sobre todo después de años de indiferencia y negación de ayudas. Poco tiempo en todo caso el que tiene el Gobierno socialista para poner en marcha de manera eficaz un proyecto de esa envergadura.

La carcunda, que sin recato alguno habla ya de golpe de Estado, se echa las manos a la cabeza con las declaraciones de la ministra de Justicia, pero el caso es que esa anulación estaba ya prevista, cuando menos como declaración de intenciones, en la ley de Memoria Histórica. La ilegalización de asociaciones y otras entidades que defiendan, sostengan o propongan el golpismo y el totalitarismo de corte fascista, es de cajón en una democracia.

Lo que ha hecho público la ministra es algo más que un gesto. Acabar con lo que Serrano Suñer tuvo la desvergüenza de llamar «justicia al revés» y con los desaparecidos y las fosas comunes, es más importante a mi juicio que hacer desaparecer la simbología callejera residual: es una forma de afianzamiento del sistema democrático y de acabar con las rebabas de la dictadura.

 Cualquiera que se haya acercado al desarrollo de aquellos juicios, habrá quedado espantado de lo que sucedía a manos de gente que era por completo profana en derecho, por mucho que en algunos casos estuvieran asesorados por jóvenes oficiales licenciados en derecho. No se trataba de administrar justicia, sino de liquidar, de condenar, de excluir. Temo que haya gente que no sabe (a veces porque no quiere) cómo se desarrollaban aquellos juicios, y eso es algo que debería hacerse público. Es decir, que esa reforma de la ley de memoria histórica debe estar motivada por lo menudo de forma que cale en la ciudadanía.

También es más que posible que haya quien  piense que aquellos tribunales de excepción hacían santamente y tome el mantenimiento de aquel sistema jurídico podrido por un signo de clase y una identificación ideológica. Nada de raro tiene eso en un país en el que todavía hay pueblos que a pesar de tener una «avenida de la Constitución» tienen la plaza mayor presidida por un rotundo escudo franquista que no llama a engaño, y tienen a gala la defensa del golpismo y los pistoleros fascistas de 1936.

Ahora mismo no es de recibo admitir lo que se proponen diversas asociaciones en San Leonardo de Yagüe, provincia de Soria, bajo el antifaz de un «homenaje a España». Ese innecesario homenaje no puede convertirse en la práctica en un festival de exaltación del general Yagüe –que el franquismo premio con un título nobiliario–,  que fue responsable de la matanza de Badajoz, en agosto de 1936, y en una exhibición de patrioterismo militarista de la peor especie. Identificar a un país y a sus gentes con golpistas y uniformados y solo con eso, e invitar a la ciudadanía a secundar e identificarse con esas mojigangas, es un abuso. Un país se defiende de otra manera que con berridos, cabras y correajes.

* Vista su actuación en los últimos años, y ahora mismo en relación al crimen de los Sanfermines de 1998, cualquier cosa es posible.

 

El conjuro de la boca abierta

DSC_0212Vendáme ese conjurito doña Polonia, vendámelo, que lo necesito de veras para despedirme de Bolivia para siempre y abrir la boca y decirles cuatro cosas, o tal vez cinco, a los tramposos de profesión u oficio, navajeros de la mala traza con cargo y sinecura  rojigualda, solidarios de la cuenta corriente y la ventaja inmediata, babosetes y mendigos de dádivas en la Camacho… Acercarse a las cosas con apetito y alejarse por repugnancia, sostenía Lezama Lima, don José, cubano, habanero, entre cigarro y cigarro, y platos humeantes de lechón, como los de la Isla de la Fantasía, que nunca hubo, iba a haber, pero no hubo… Tal vez irse un poco antes, pero con su conjuro, doña Polonia, en el bolsillo.

El café

DSC_0389Una calle en sombra a la hora de la chicharrina. El café, cerrado. Mala poesía la de los cafés provincianos o pueblerinos. Matar el tiempo. Quieto. Las horas muertas te ponen un nudo en la garganta, con versos o sin ellos, con o sin una escena poblada de comisonistas, tratantes, propietarios medianos, fuerzas vivas, palmeros… un boticario tal vez morfinómano, como se llevaba hace setenta años, un médico, una baraja, el libro de las cuarenta hojas, dominó, mármol, poderío… Vidas de tapadillo y devociones obligadas… Ese no es el café de Ramón ni de los que con él forman en la cuadrilla del poema romántico, rancio, que encubre la mugre. Qué error, no era la puerta de las horas felices, sino del pozo negro. El poeta traza la estampa y escapa a la carrera.

Verdades con puñetas

DaUx93hX0AAnIa5Imagino que los lectores estarán a otras, más festivas, y hacen bien. Sucede que si estás fuera de la farra es difícil hablar de ella no ya como si estuvieras dentro, sino en plan de erudito castizo, y es de otros barullos de los que no te queda más remedio que hablar porque para estos no hay tregua que valga. Cuando se apague el eco de la última dulzaina, el pozo negro portátil de nuestros gobernantes seguirá ahí. Conviene saberlo, aunque haya un tiempo en que, por higiene, es mejor olvidarlo.

Sostener que la única verdad es la judicial, como acaba de hacer el ministro de la Policía, el magistrado Grande-Marlaska, además de una melonada, parecería impropio de un profesional del derecho en cualquier país con arraigada tradición liberal o democrática, mientras que aquí revela las temibles trastiendas intelectuales de quien lo dice: el autoritarismo más descarado y me temo que imposible de erradicar porque es de tan arraigada idiosincrasia nacional que hasta resulta de un casticismo sombrío. Son muchos años de confusión de la fuerza con la ley como para que eso desaparezca como por arte de magia.

Con todo, es coherente que el magistrado-ministro dude de la veracidad del copioso informe del Gobierno Vasco acerca de la tortura en el País Vasco, elaborado por el forense Etxeberria, en la medida en que seis de las nueve condenas recibidas por el Gobierno español por no investigar denuncias de torturas corresponden a actuaciones en las que él era juez actuante. Es una forma de protegerse y de justificar su inacción procesal que podría calificarse de encubridora.

No hace falta leer al difunto pensador Tzvetan Todorov, tan elogiado cuando conviene, en su breve ensayo Los torturadores voluntarios (2009), para entender que si la tortura como sistema se sostiene es porque cuenta con un abanico amplio de cómplices o encubridores, y cuando dice quién debe ser tenido como responsable, sostiene que «Los ejecutantes voluntarios de la tortura son menos [responsables] que los altos funcionarios legales que la han justificado y alentado». Todorov, un extranjero, que habla de los americanos…

Y que esto salga la misma semana en que un guardia civil retirado confiese con desfachatez ante las cámaras haber practicado torturas sin que eso tenga consecuencia alguna, resulta todavía más grave. Ahora bien, si tal cosa es posible es porque el antiguo uniformado está seguro de que lo que decía iba a ser silenciado y sobre todo aplaudido.

¿Generar las verdades judiciales?, dice Marlaska acorralado en su dislate. Pero si quienes defienden tal cosa ponen todas las trabas que pueden para que no se investiguen con eficacia y celeridad las torturas. ¿Qué burla es esta? Por no hablar de funcionarios condenados por torturas que luego son indultados y ascendidos.

Me acuerdo de cómo un juez mandó a prisión a un defendido por haber dicho que había sido golpeado en comisaría, tras amenazarle con procesarle… detenido que al final fue absuelto, pero se tragó los palos y el maco. Transición, bonita…

Tampoco hace falta haber ejercido la profesión de abogado y ganado juicios que deberías haber perdido, y perdido los que deberías haber ganado, por habérsete negado medios de prueba, entre otras cosas, para poner en solfa semejante dislate acerca de la Verdad judicial propio de un visionario o de un vendedor de Biblias.

Gran error el del presidente de Gobierno de nombrar ministro de Interior a alguien que trata una de las mayores lacras del sistema democrático español de esa manera. Está visto que no se trata de emprender lucha alguna contra los malos tratos o la tortura, sino de negar su existencia, echando mano de un famoso «manual de ETA» que nunca ha sido puesto a disposición mediática del público para que este juzgue por sí mismo, y que si se trata de unas instrucciones para el caso de detención que se publicaron en Francia, estas no dicen lo que dice la Policía española, los jueces como el ministro y los medios de comunicación que repican una información que tiene mucho de consigna. La carga de la prueba compete a quien afirma, con puñetas o sin ellas.

Pío Baroja en el espejo de papel

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Baroja, según Bagaría, ilustrando un capítulo de «El tablado de Arlequín», en el primer número de la revista «España», enero de 1915. Revista en la que colaboró durante unos números y de la que se fue de manera brusca tras haber publicado un precioso trabajo dedicado al Circo, con ilustraciones de Bagaría también.
En 2007 pensaba que había dejado atrás a Baroja para siempre. No ha sido así. He vuelto a encontrarlo en sus espejos de papel, que fueron muchos y a examinar de más cerca biografías y autobiografías y alter egos o contrafiguras que sostienen mucho de los rasgos y episodios que el propio Baroja no llegó a trazar en sus páginas autobiográficas.
Baroja se convirtió tanto en un personaje literario o novelsco que no veo el motivo por el que no se pueda acercarse a sus peripecias vitales y a su obra desde la novela, desde ese territorio que se sostiene entre documentos y el cabe imaginar. ¿Por qué no?

Indeseables a la carta

a7987eb91b6597955e61737713952036--kaka-pamplonaMe temo que ahora mismo las andanzas de la Manada son ineludibles desde el punto de vista mediático. Escribes de ello no porque te guste, sino porque está en el aire informativo que respiras y agrede. No me interesa ver como acuden a donde tienen obligación de ir, con que la policía nos informe de que no han ido, me basta. Eso sí, me gustaría leer que han regresado a prisión, pero no mucho más. Si delirante es pedir hora para sacarse el pasaporte cuando tienes prohibido salir del territorio nacional, más delirante es justificarlo porque no sabes si para entregarlo tienes que sacártelo, una especie de lógica necia, que en este segundo caso, por muy increíble que resulte, retrata al personaje. Es para dudar de los test psicotécnicos que ha tenido que pasar el interesado para llegar a ser uniformado. Estimo que donde mejor está esa gente es en prisión, al menos mientras dure su condena, pero esta es una opinión muy particular. Estaba claro que en su tribu iban a ser bien recibidos, con cohetería fina incluso y alardes de burricie, lo que habla no ya de tener un sólido arraigo social en su jarca urbana, sino de contar con una especie de cómplices, por jaleadores, que en la práctica les absuelven. La alegría con la que hablaban los miembros de esta muta de caza, más que manada, del uso de la burundanga y la manera en que eso fue compartido por sus iguales, hace pensar en que eso es una práctica más habitual de lo que pensamos y que es de temer tendrá unas víctimas ocultas o silenciadas que desconocemos.

         Los medios de comunicación que persiguen a los miembros de este grupo criminal, en una cacería mediática que mantiene vivo el espectáculo, y convierte a unos indeseables en objetivos no de información, sino de espectáculo mediático, eluden de esa forma el problema jurídico, social y educacional que subyace en el delito muy grave cometido, y que de ese modo queda en un segundo plano, tan segundo que casi mejor se queda para mañana o para nunca, porque no basta con cambiar el Código Penal, que por sí solo es por completo inútil para impedir la comisión de los delitos de violencia y agresión sexual. Hace falta una revolución educacional que llegue a donde se ve que la oficial hasta ahora no llega. Mientras el Catón de la educación sexual sea el porno, poco se puede esperar.

Para mañana o para nunca pueden quedar algunos otros asuntos que deberían haber estado en el programa electoral y de gobierno de cualquier partido que pretenda un cambio. El comienzo del acercamiento de los presos vascos a sus lugares de origen –asunto que tiene apoyatura legal plena, aunque tenga oposición política–, con el fin de ahorrar a encarcelados y familias sufrimientos innecesarios que no están previstos en el fallo de la sentencia por la que fueron condenados, único referente que debe ser tenido en cuenta en derecho… o en prisión preventiva como el caso de los políticos catalanes. Con el inicio del camino de reconversión del monumento franquista de Cuelgamuros –sin un proyecto concreto que se conozca, al margen de sacar de allí los restos del dictador–, pueden ser unos primeros pasos de mucho impacto, pero a muchos nos gustaría ser impactados, de lleno además, por la inmediata derogación de la reforma laboral, de las leyes de educación que han dejado a esta en manos de negociantes, de la ley Mordaza que ha causado daños irreparables, como son miles de multas en las que se huele de lejos la arbitrariedad (48 diarias desde que se aprobó), hasta por no responder a un saludo avieso, y la creencia del uniformado entrenado en una discrecionalidad impune de que puede hacer poco menos que lo que le dé la gana, muy difícil me temo de desarraigar.

         Un país que se ha acostumbrado a «pensar» y a reflexionar sobre los asuntos públicos que le atañen a base de programas televisivos de galleo tertuliano, de opiniones de descerebrados que en la pantalla aparecen por serlo, y a diario, y de profesionales de la bencina patriótica y del dogma de fe; un país, este, que prefiere el sermón, la arenga o la consigna como normas de conducta, al ejercicio de la libertad de conciencia, siempre costosa, me temo que lo tiene muy crudo para enfrentarse a cambios de verdadero calado.

Emboscaduras

DSC_0113Hacía meses que no pasaba por esos hayedos. Estaban muy frondosos y cuajados, como los helechales, gracias a que no ha parado de llover. Ayer mismo. Mentiría si dijera que los echaba de verdad en falta. Había olvidado el bochorno que vuelve el aire irrespirable y las espesas nieblas matinales. Que los haya pateado durante más de veinte años no quita para que piense que había llegado el momento de caminar por otras trochas. La deriva urbana es distinta a la del bosque y los cerros, pero no sé yo si los soliloquios que danzan al ritmo de los pasos son diferentes  o en qué se parece. ¿Es de verdad distinta la mirada, hacia fuera en una, hacia dentro en otra, o esto es una fantasía de dudoso lirismo? La mística del silencio la suele enarbolar gente ruidosa o que agitando la carraca del silencio llama la atención, porque de eso se trata, de llamar  la atención, de hacerse visible, más visible quiero decir, de destacar en la tristona realidad de no me acuerdo qué poeta.

«La calera» (Diablada)

DSC_0107.jpgEn esta calera ajusticiaba a sus víctimas el protagonista de La calera, una novela neonuar total y gore encima,  que escribe el narrador de Diablada, novela boliviana esta, con la que su autor ganó el premio Pistola Negra, instituido por las bodegas riojanas Marqués de Lapurrenea.  El creminal era un justiciero que se llevaba por delante, en plan asesino en serie, a auténticos criminales impunes que habían eludido guapamente a la justicia… cuando llegue septiembre, todo será maravilloso y etcétera.

Creer en patrañas

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En las sandeces creemos o confiamos… y en las patrañas, y en lo que nos conviene y menos problemas nos plantea. Creencias, a ser posible dogmáticas, cuanto más compartidas mejor. Nos gusta que nos mientan. No hay patraña que convenientemente aplaudida y eficazmente difundida no pase por verdad de culto. Las patrañas tiene más eco mediático que las ramplonas realidades.
Detrás de un contenedor de basura me lo he encontrado esta mañana.