Del Agua Muerta (Monk y otros)

Thelonious Monk. Underground. El disco lo perdí durante mi servicio militar en Valladolid. Era un regalo de un amigo. Pena. A Monk lo descubrí hacia 1970 gracias a Julio Cortázar, en las páginas de La vuelta al día en ochenta mundos, libro que me regalaron por mis 20 años.

Hoy escribía de la cubierta de ese disco a propósito de un contenedor lleno de cuadros con el que me tropecé una mañana de niebla, de diciembre de 2001, en la calle del desengaño, de Madrid. Tengo la manía de asomarme a los contenedores. En una ocasión encontré los restos de una enorme biblioteca. En el de aquel día encontré un cuadro pop, rojinegro, titulado «Homenaje a Thelonius Monk», que me pareció una birria, no así dos oleos que todavía conservo, misteriosos, en la línea, tosca, de Zobel y un dibujo al carboncillo de un balcón galdosiano, que parece de Isabel Quintanilla. De pronto, salidos no sé de dónde, una turba de mendigos, borrachones y vagabundos urbanos se echaron sobre el contenedor y empezaron a reñir con aquel montón de cuadros de autor desconocido «Todavía veo a un vagabundo urbano, jinete sin caballo, escapar a la carrera, calle adelante con su botín debajo del brazo en busca de que a cambio del cuadro le dieran un jaco para un rato…», eso escribo en las páginas finales de Moriremos nosotros también donde me refiero a Underground de Monk y a sus cartuchos de dinamita evocando a Ann Marly en su himno de los partisanos: «¡Saboteador! ¡Cuidado con tu cartucho de dinamita!».

Del Agua Muerta

Nunca como ahora me he sentido tan de paso en la ciudad donde nací. Hace días me di una vuelta que llamábamos algunos «de Año Nuevo», pero por mucho que fuera a regresar al punto de partida, tenía la sensación de que me estaba escapando de mi propia sombra.

Aun he tenido estómago para sacarle una foto a esa reja de La Ronda del Obispo Barbazán que daba, como mucho, a una galería de la huerta del obispado/catedral… es imposible que el tramposo de Itzea pudiera tirar piedras al desván del obispado. En el fondo, las erudiciones ciudadanas hace tiempo que dejaron de ser lo mío: no pasan de ser mitologías literarias, invenciones. Me admiran sus entusiastas peatones actuales que le arrancan a la ciudad destellos que se me escapan. Mirada cansada la mía, sin duda.

Tribunales como galleras

La mugre nacional no veranea, no se va de vacaciones. Como estamos en época de no fiestas, sin vacas y poca cohetería, la gallera del Congreso se traslada una vez más, con acompañamiento de trompetería y bombos mediáticos, a los tribunales para animar la plaza. No hay baile, pero hay navajazos.

Esta vez no se trata del negocio del miedo, es decir, de los okupas a los que hay que desalojar a patadas, sino de las cuentas de Podemos. La acusación pública contra el partido de Iglesias la promueve, entre otros, el Partido Popular, pringado hasta las cachas en múltiples corrupciones, que lo señalan como la formación política más corrupta de la Unión Europea, sin duda. Han olvidado la Gürtel, los papeles de Bárcenas y no han encontrado a M. Rajoy por ningún lado (enumerar todos los casos sería excesivo). Quien ha echado a rodar la acusación es Calvente, un abogado despedido de Podemos que se ha hecho famoso, no por sus dotes y artes profesionales, sino por la desfachatez de su denuncia acusatoria contra Podemos.

Echenique, desde Podemos, se rasga las vestiduras de esta nueva lawfare (guerra judicial) cuyo objetivo es debilitar y echar del gobierno a su partido (si es que no pueden derribarlo entero). El que da la cara en la denuncia contra Podemos es, como digo, un antiguo abogado del partido, despedido y a todas luces despechado, que puso una denuncia ante la Guardia Civil. Su posterior declaración judicial, pintoresca y al menos en teoría acreedora de una querella por denuncia falsa, desapareció durante unos días del palenque hasta que, gracias a VOX, regresó a la superficie judicial. Todo muy honorable.

Pues bien, el denunciante, en la recuperada declaración, sostiene sus denuncias en rumorología (y no tiene empacho alguno en reconocerlo ante la insistencia del juez), y en pruebas tan peregrinas como que el uso indebido de fondos reservados o la oculta financiación del partido y sus gerifaltes es algo que “Se rumorea, se rumorea en el partido” o “es lo que me dicen que está pasando, yo no lo he visto” o “son comentarios y rumorología a nivel de militancia sobre todo militancia”. Algo asombroso, pero sirve para llevar adelante un proceso político, porque su fondo lo es y el juez actuante ya se ha significado en ese sentido en el asunto de las amenazas flagrantes a Carmena, la alcaldesa de Madrid.

Las diligencias contra los imputados de Podemos versan sobre malversación de caudales públicos, blanqueo de capitales, descubrimiento y revelación de secretos, allanamiento informático, administración desleal y financiación ilegal de partidos políticos ¿Pruebas? Hasta el momento ninguna, pero todo apunta a una sucesión de diligencias con eco mediático y consiguiente escandalera que va a durar meses, por mucho que el previsible final sea el archivo de las diligencias, como en otras ocasiones. Y una vez más, solo faltan los corredores de apuestas.

Como digo, Echenique se rasga las vestiduras ante unos hechos que sí, que son indignantes, y publica acusaciones y sarcasmos en las redes, pero olvida sus propios mensajes cuando en el Caso Altsasu, en lugar de echarse las manos a la cabeza como muestra de extrema indignación, publicó comentarios de apoyo expreso a los guardias heridos en una pelea de bar, de madrugada, en ferias, dando por bueno el linchamiento mediático y el montaje que se organizó para condenar a toda costa a los que se dieron como participantes en la pelea, desdeñando o negando pruebas de una evidencia asombrosa. Los muchachos de Altsasu estuvieron condenados desde el mismo momento de su detención. ¿Se retractó Echenique? No ¿Denunció el montaje mediático-policial-judicial? Tampoco. Resulta difícil apoyarles ahora mismo, por mucho que se condenen sin reservas los hechos. Estamos una vez más ante un caso de máximo respeto a la judicatura, si sus resoluciones nos benefician, y acoso y derribo si por el contrario sus diligencias o sentencias nos perjudican y sirven de munición política al enemigo. Insisto, todo muy honorable, denota un alto grado de decoro público y una sólida seguridad jurídica para el ciudadano, y etcétera No nos va a quedar un harapo que rasgar.

Alborotos de mentidero

No sé si lo mío es derrotismo, pero a veces no puedo dejar de ver el noticiero, o lo que en ese chirrión acaba, más que desde un prisma bufo y chocarrero, y eso con suerte, porque lo más común es que lo haga con hastío, con asco. De no tener que escribir mi artículo dominical para el Diario de Noticias, de Navarra, ya no escribiría una línea sobre las lawfare (que manera tan elegante de referirse a los tribunales como galleras), las trampas, las razones de establo, la hostilidad generalizada, las andanzas de los Borbones y el futuro de la monarquía… ¿Qué sentido tiene? Las cuarenta personas, no más, que leen estos textos están más instruidas que yo mismo en esos asuntos. Todo lo que no sea palestra mediática de referencia es alboroto de mentidero, desahogo. ¿O no?

Rembrandt, luces y sombras

Esta mañana, a primera hora, estuve viendo la exposición de Rembrandt y los retratistas de su época en el Tyssen. En la puerta el sol realzaba la iluminación del autorretrato de Rembrandt que anuncia la exposición. Solemnidad funeral de los retratados posando para el panteón del tiempo, representación de poder económico, signos externos de riqueza en un país que vivía su edad de oro… Solo los rostros rubicundos de dos retratados por Franz Hals daban testimonio de que detrás de los burgomaestres –esos ricachones de la temible Ronda de Noche– que habían dejado el arcabuz en la puerta y comían ostras, había un mundo menos sombrío que el de los salones de la burguesía emprendedora y voraz que se enriquecía alrededor de los metales nobles, las joyas, las haciendas, las casas de cambio, los barcos y el intenso comercio con las Indias, las especias, las puntillas y encajes, la seda, la imprenta y hasta los bisturíes… Con todo, los personajes de Rembrandt parecen vivir en la sombra y salir de ella con el solo propósito de recibir el fogonazo de la luz del pintor en sus rostros.

Huaicos

Los huaicos son barros o mejor escorreduras andinas que pueden llevarse pueblos por delante. La fotografía me la envió ayer Pablo Cingolani, la habrá sacado en sus correrías por los cerros en los que vive, imagino. A mí esos barros se me figuran muy propios de la época que vivimos: un barrizal cenagoso, ese que iba a ser pradera amena en la «nueva normalidad». Por Dios, qué ingenuidad la nuestra. Basta asomarse a las estadísticas con las cifras de la pandemia. De los titulares de prensa mejor no hablar porque lo hacen solos: mezquindad, fraude, el miedo hecho negocio, mala intención, altas dosis de cainina… Es decir, lo de siempre, redoblado, por muy agostado que se vea. Caín no se fue de veraneo.

Huaico, que no huayno, de los escuchados hace años en la noche de Sucre… música del tristear.