«Diario volátil»

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«NUNCA SERÉ DE LOS VUESTROS» es una variante del «nunca seras de los nuestros», su eco. La realidad es que a nada que te lo propongas nunca serás de nadie, banido, forajido, desarraigado, más solitario que otra cosa, el que se escurre por el fondo del cuadro. Tiene más ventajas que inconvenientes.

El título es equívoco porque no se trata estrictamente de un diario/dietario ni con fechas ni sin ellas. De diario tiene que las apostillas, descrimientos, despropósitos, desvelos, sarcasmos y exabruptos que componen esta gavilla han sido escritos al hilo de los días de estos dos o tres últimos años y de su climatología borrascosa, de las noticias de prensa y los prontos provocados por estas,  con la sensación de que estaban destinados a perecer y desaparecer, al igual que el motivo concreto que los provocaba.
¿Aforismos? No sé, algo menos, supongo, y algo más. ¿Y si fueran arrebatos? También, pero no siempre, otras veces es la melancolía la qye gana la partida, la melancólica incredulidad de estar viviendo lo que estamos viviendo.

Vaya aquí el texto escrito por la editorial que me parece un buen resumen de su contenido:

En la línea de los moralistas de la literatura francesa, de certeros retratistas de su época y de sus contemporáneos como La Rochefoucauld, Joubert, Chamfort o Rivarol, pero también con el humor deslenguado de los bufones y los personajes burlescos de la comedia del arte, Miguel Sánchez-Ostiz reúne en su Diario volátil una colección de máximas y aforismos donde con la mayor agudeza va diseccionando tanto las convenciones e hipocresías sociales de nuestro presente como las zozobras personales ante el paso del tiempo. Entre bromas y veras, con humores varios van compareciendo en Diario volátil desde los restos del naufragio de todo tipo de proyectos vitales encallados a las nuevas fanfarrias y alardes de la «marca España»; de las imposturas del mundo literario a los alardes y más difíciles todavía de la vida política y judicial; del baile de los tartufos a la algarabía permanente de las redes sociales; del precio de la independencia y la soledad a los tributos del toreo de salón y las vanidades de corte. En poco más de ciento cuarenta páginas, a veces vitriólicas, otras veces de un insondable desasosiego, Diario volátil quintaesencia la visión del mundo que Miguel Sánchez-Ostiz, considerado por alguien como Rafael Chirbes como un autor del máximo interés dentro de la literatura española actual, ha ido forjando a lo largo de la caudalosa obra en marcha que Pamiela viene publicando estos últimos 30 años.

Las cosas (de los vivos y los muertos)

DWO9-rHX0AAdtH8.jpg largeLos muertos ya no tienen  cosas, la dejan a su espalda, y ahí quedan, convertidas en incordio del que hay que desembarazarse cuanto antes, casi solo por perderlas de vista y seguir con la propia vida, proque las cosas d elos muertos rara vez encajan en la vida de los vivos: «no tenemos sitio», dice con una claridad que sobrecoge. El heredero forzoso, huye, y no sabe qué hacer con las cosas de la vida de otros. Antes me apasionaba ese mundo, ahora me acongoja cada vez más.
Conocí a un joyero anticuario especialzaido en peritaciones y testamentarias, que me dijo que podía darme argumentos novelescos para el resto de mi vida. Por sus amnos pasaban piezas verdaderamente raras que los herederos se disputaban de manera agria. Recuerdo una vez que me llamaron para preguntarme el precio de unos libros y detrás de la persona se oía con nitidez la bronca que tenían los hermanos por cuenta de los restos.
Y esto me trae el recuerdo de una parte sobrecogedora de Mercado de futuros, el espléndido documental de Mercedes Álvarez: el camino hacia los Encantes, los mercadillos, las Pulgas, los Rastros… los traperos de antes, chamarileros luego, mercaderes de postrimerías cuyas actividades nadie fiscaliza…

Mercado-de-futuro

 

«Las puertas de Valparaíso»

La imagen puede contener: una o varias personas, texto y exterior

He dado con «Las puertas de Valparaíso» a causa de la petición de colaboración en una revista. Se trata de unas crónicas porteñas que llevaban unos años creciendo en la oscuridad, he reparado al releerlas ahora. Lo empecé a escribir en el año 2004, en la plaza de La Matriz, luego lo retomé en los años 2008 y 2010, al hilo de sendos viales. Más tarde lo dejé a un lado porque se cruzaron otros proyectos.
Resucitar libros muertos no es que sea difícil, sino que es inútil; con los dormidos en cambio, como he visto que es este, resulta más fácil despertarlos y dejarles que respiren con más ganas: te están dando una oportunidad para desandar lo andado. Solo hace falta que te apasione aquello de lo que tratan y a mí me apasionó Valparaíso…
Pero este puerto amarra como el hambre,
no se puede vivir sin conocerlo,
no se puede mirar sin que nos falte,
la brea, el viento sur, los volantines,
el pescador de jaivas que entristece
nuestro paisaje de la costanera.
Eso cantaba Osvaldo Gitano Rodríguez y es cierto que amarra. A mí me amarró en febrero de 2003 cuando me asomé a la bahía desde una terraza de Cerro Alegre. Ahora le ha llegado el turno a esas páginas. Te pueden decir que estás en edad en la que todo es recuento más que cuento, pero es ese recuento el que te da alas para la invención… y allá que nos vamos yendo.

 

Ejercicios de gratitud

toporEl escritor colombiano Fernando Vallejo (admirado y recordado siempre con afecto)  ponía en boca de su narrador caudaloso que cuando no podía dormir,  se ponía a contar «hijueputas», en lugar de ovejitas… qué error, qué inmenso error, así no hay quien pegue ojo, salvo por agotamiento. Hace tiempo, y al hilo de algunas lecturas, suelo coger el sueño con la placidez que da el recordar las personas extraordinarias con las que me he cruzado y en lo que me han dado… se duerme que ni con laúdano y da menos dolor de cabeza que este. La teoría, como siempre, es impecable, la práctica es más complicada.

Carnaval

DSC_0003.JPGAyer fue carnaval en el pueblo y al atardecer hubo disfraces y cohetes, fuegos artificiales, mucho acordéon y canciones que llegaban de un sitio y de otro. Alegría de unos –niñas disfrazadas de faraales, piratas o caseras–, jolgorio de otros, melancolía de algunos. Para mí el carnaval pertenece ya a otra época, por no decir a otro mundo del que me voy separando o despidiendo un año tras otro, y un muerto tras otro. Un entierro en carnaval es cosa de Solana o cosa tuya a nada que te toque. Todo el año es carnaval, escribía Larra, y se repite la frase hasta sin reparar en lo que se dice, porque la máscara, para variar, siempre es otro. Ah, y tropezarse con una tropa de carlistas de antaño en medio de la nada, muy propios en sus uniformes de Carlos Chapa, bebiendo al ritmo de un acordeón parece sueño, pero era chupa mañanera.

obra-441Vuelvo poco a poco al Baile de Capellanes, de Esquivel, que con El café, son sus cuadros que más me gustan, pero sobre todo ese que me sirve para imaginar los carnavales de Larra. Para qué perder el tiempo en calibrar errores o aciertos del pasado (de ayer mismo), si lo que de verdad cuenta es el presente, con cuanta más intensidad vivido, mejor.

Biarritz, los días contados

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Hay lugares en los que tienen para ti los días contados, aunque no sepas cuál va a ser el último. Lugares que se acaban como dédalo de calles a patear, aunque crezcan en las páginas que puedas escribir: no son lugares de tu vida –como mucho eran pasajeros y lo sabías– sino escenarios de tus invenciones o de tus recuerdos durmientes que viene a ser lo mismo. «Ver en la sombra», propone el artista, «asomarse a la oscuridad», añadiría yo, si de hablar de recuerdos durmientes se trata. Un día hasta se te caban los motivos que tenías para ir de manera asidua a ese lugar. Se cierra el telón, empieza otra andadura o cuando menos dejas de transitar por esa senda. Lo que venga a continuación solo de ti y de tus papeles depende.

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Diablada

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En el blog Sugiero Leer de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Thursday, February 8, 2018

ENTREVISTA SIMBÓLICA, AFUERA DEL BONANZA, CON MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

DANIEL AVERANGA MONTIEL

Que la vida da giros como los que uno produce con los dedos al grifo o al dial de la radio, son cosas que siempre convergen, vuelven y están, ahí, invisibles pero que se sienten por demás, tan cercanos como la misma piel sobre nuestros músculos. Ya tuve oportunidad de entrevistar a Miguel Sánchez-Ostiz, sobre la publicación de “Chuquiagomarka” o “Chuquiago”, a preferencia de él por el nombre. Esta vez la entrevista se centra en ese libro, después de su lectura, y de los nuevos proyectos. Me hubiera gustado hacer esta entrevista acompañado de cervezas, en el “Bonanza”, pero el destino, la lejanía y, sobre todo, pensar que ya debe estar clausurado aquel bar tan emblemático para Urquiola, Argüello, Vásquez, Pérez, para tantos paceños afectos a la cumbia chicha y a la radio Mundial y para mí, hacen difícil, una vez más, la cohesión entre lo que nos gusta (la cerveza) y lo que nos apasiona (la literatura y la cerveza, también).

Pero en el fondo, si ya no hay más entrevistas, al menos intentaremos volver al “Bonanza”, si no está clausurado, claro.

DANIEL AVERANGA: Tuve la oportunidad de estudiar tu libro “Chuquiagomarka” y sorprenderme cada vez más por el cariño que muestras a la urbe paceña desde tus composiciones; ¿esa cercanía sigue vigente, o lo seguirá, a pesar de la distancia?

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ: Absoluta y radicalmente vigente. No hay día que no me acuerde de La Paz o que por un motivo u otro no tenga presentes a mis amigos bolivianos. Las redes sociales ayudan mucho a eso. Estamos conectados de un modo que en otro tiempo hubiese sido imposible. Así es como también puedes seguir los avatares de la vida social y política boliviana al día.

Cariño, esa es la palabra. A mí Bolivia o los bolivianos que he conocido me han dado mucho en lo personal, público y privado, en años poco o nada venturosos en mi tierra. Eso no se puede olvidar, es un regalo que tampoco es fácil devolver. ¿Gratitud? Igual es eso, sí.

D.A.M.: ¿Crees que “Chuquiagomarka” podría haber sido un libro totalmente distinto sobre la ciudad de La Paz, si no hubieras tomado referencias locales directas, como las de Sáenz (tu libro tiene un aire a lo “Imágenes paceñas”), Bascopé (no sé, pero muchas de tus composiciones tienen un aire a lo Bascopé) y la realidad de 2003/2006, cuando la urbe estaba en vivo proceso político-social?

M.S.O.: De esos años que me dices hay poco, porque mi primer viaje es de 2004 y tardé cuatro años en volver. Es posible que haya tomado como referencia Imágenes paceñas de Sáenz, pero Chuquiago (marka) está en el mismo estilo, digamos, que mi libro Peatón de Madrid (2003), que es anterior a mi conocimiento de Saenz. No tiene misterio cuando escribes a modo de colección de estampas.

De Bascopé no creo que haya influencia alguna en Chuquiago (marka)… pero sí en Diablada, como se verá, porque en la novela hay un escritor que, encima, tiene la arrogancia de escribirse una Hoya infecunda, y en el año 2014… Hombre, eso no se hace…

D.A.M.: Tu blog “Vivir de buena gana” fue otro de mis descubrimientos sobre tu producción digital (después de “Chuquiagomarka”) y me llevé una sorpresa al notar que tus publicaciones breves siempre se relacionan con la memoria, el tiempo, lo efímero y lo que permanece… ¿a qué se debe esto (o solo es mi interpretación)

M.S.O.: Pues mire usted, decía un viejo profesor, eso es porque me pilla usted de viejo. Si escribiera sobre la mesa del Bonanza medio cubierta de chelas, sería distinto. Además, los viejos somos muy aficionados al vicio de la mentira y su terreno más fértil es la memoria. Por otro lado, si no estoy en La Paz, llevo una vida muy retirada, generalmente en un pueblo muy pequeño y no vas a contar como gran novedad los avatares del puchero que hayas puesto al fuego; alguna vez sí, pero no todos los días, por eso me asomo a lo visto, leído, vivido… cosa de la senectud, ya digo –tiempo de recuento–, que por lo menos sirve para que te cobren menos en el Pumakatari, como usted bien sabe. De ahí también estos viajes tardíos, porque sabes que son, por fuerza, los últimos y que te asoman al presente vivo, no a lo ya vivido y perdido.

D.A.M.: Has escrito diarios de viaje, novelas (muchas de ellas ganadoras de certámenes tan grandes como el Herralde y el Euskadi), crónica periodística y hasta poesía, ¿por cuál sientes predilección en cuanto a diseño y por qué?

M.S.O.: Por las novelas, cuanto más esperpénticas mejor, y por los diarios, que me temo es lo que puede permanecer vigente unos años… Lo demás, tiene una vida cada vez más corta, por mucho que puedas dar en forraje académico.

La novela esperpéntica me gusta porque mientras la escribo es una fiesta, me permite la visión alucinada y demente de las cosas, grotesca. El diario o dietario es un vicio ya viejo que voy publicando y que me permite una escritura diaria de asuntos públicos y privados (cada vez menos), una especie de cuaderno de navegación como han sido hasta ahora los blogs. El diario íntimo es otra cosa.

D.A.M.: En la red te conocen por ser un “experto de la obra de Pio Baroja” (hasta se dice eso de ti en Wikipedia), ¿alguna vez escribiste (objetiva o subjetivamente) combinando tu admiración hacia la obra de Baroja y tu contemplación e interpretación sobre lo que sientes por Bolivia?

M.S.O.: Hombre, experto, experto… Total, por unas dos mil páginas escritas sobre él… no sé. Le tuve afición, eso sí.

Alguna vez he hablado de Baroja desde La Paz porque en los años cincuenta, pocos antes de su muerte, tuvo relación con Yolanda Bedregal —su hija Conny me facilitó una copia de una fotografía de su madre junto al escritor vasco, tomada en Madrid… tal vez pudiera tener alguna correspondencia inédita—, pero no, la verdad es que no se me ocurrió ni en La Paz ni en Valparaíso, donde tiene una calle, y desde donde llegué a Bolivia… Y eso, ahora me fijo, que en La Paz vivieron dos personajes absolutamente barojianos, de vidas novelescas los dos: Francisco Lluch Urbano, militar de carrera, masón, erudito y jefe de Estado Mayor del Ejército de la República española, y Vicente Burgaleta Pérez de Rada, ingeniero de Caminos –su hermano, alcalde de Tudela, en Navarra, mi tierra, fue fusilado en agosto de 1936–… con las vidas de ambos en La Paz sí que se podía haber escrito una buena novela barojiana mezcla de acción trepidante y testimonio de vidas azacaneadas del exilio.

D.A.M.: En nuestra última entrevista hablaste sobre tu nuevo proyecto narrativo, un libro (¿novela, crónica narrativa, ambos?) con la Diablada como hilo conductor, ¿sentiste temor/resquemor/inseguridad por dotar a este nuevo libro de un contexto que aprecias, pero que sin embargo es ajeno a tu cotidianidad?

M.S.O.: No, al revés, de inseguridad nada, el jugar con otro escenario me ha dado alas para una invención disparatada, y plasmar algo que he sentido de manera intensa y dolida, menos. Digamos que solo en La Paz podría haber situado ese duelo a muerte entre dos escritores de novela negra –neo-noir… me hago mucho la burla de esto– y en la medida que es una novela de novelas, con trazos de esperpento o de disparate burlesco, que es mi Diablada, y que se me ha ido de madre y se ha hecho embarullada. ¿Somos como nos ve el prójimo o como nos gustaría a nosotros que nos viera? Es otra de las preguntas que me hago en esta novela negra por no decir funeral.

D.A.M.: Tienes muchos más proyectos de publicación, como me comentaste, ¿sientes, hoy, que estás en tu época más productiva, o es acaso que en la vida de un escritor cualquier tiempo debe ser su época más productiva?

M.S.O.: No, ha habido años de silencio, otros de barullo y de negruras (cosa del kencherío), pero ahora, ya de adulto mayor (juá), me siento con una fuerza que en otros momentos no he tenido (será que me quité el kencherío en mi último viaje). Igual es la certeza de que esto va para abajo, camino del hoyo y de que no hay tiempo que perder.

Sea ese u otro el motivo, esta es sin duda mi época más productiva. Este año, además de la edición española de Chuquiago (marka), publicaré, por fin, Cirobayesca boliviana: un repaso a los libros que Ciro Bayo escribió sobre su estancia en Bolivia entre 1893 y finales del 97 o comienzos del 98, junto con impresiones de algunos viajes míos a Potosí (en varias ocasiones), Sucre, Riberalta, que a origen eran anotaciones de mis diarios de viaje. Digo por fin, porque gracias al kencherío el libro ha tardado 6 años en poder publicarse.

También hay un libro de poesía y un diario del año 2016, titulado Ahora o nunca… Eso al margen de los libros nuevos en los que trabajo, otras novelas, algún ensayo… y la necesidad imperiosa de regresar a Bolivia a como sea.
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Imagen: Prueba de portada del libro de Miguel Sánchez-Ostiz, de próxima publicación. PAMIELA, 2018

Habla memoria (Recuerdos durmientes)

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Nabokov titulo sus memorias Speak memory. Es un título afortunado, solo que la memoria no habla tan facilemnte como parece, no a voluntad, no cuando tú quieres o te gustaría. Es caprichosa. Una biblioteca es un buen lugar para probar lo que digo: entre lo olvidado, lo irrenunciable, lo que creías que habías leído… La mía no es un biblioteca de bibiófilo, sino de aluvión, de riada, y sobre todo una biblioteca que ha permanecido en estado de abandono durante años, demasiados. Ahora toca ir ordenándola poco a poco, y aparecen libros olvidados en cuyo interior encuentro cartas, recortes, fotografías, papelitos, direcciones, teléfonos… pruebas documentales de lo que ibas a hacer y no hicieste, de lo que olvidaste y de lo que hubieses preferido no haber vivido, la más estúpida de las lamentaciones esta. Ese ejemplar maltrecho de La loi de Vailland ni siquiera sé dónde lo compré, si fue en Bilbao, en un chamarilero de Abando junto a una botería que apestaba a pez, en 1987, o si fue (por la escritura del precio) en mi ciudad, a comienzos de los ochenta o finales de los setenta. En todo caso  el libro me remite al otoño de 1968, en un guardillón que puse en escena en Perorata del insensato, con Ablitas de por medio y el Morico, y otras personas y personajes ya fallecidos que llevaron vidas exaltadas hasta el suicidio o el crimen, el exilio, la diplomacia, las fugas, la desaparición, el jaco, el cuento chino, la política hecha oficio o negocio, las trastiendas donde se gana dinero-dinero  y de los que he hablado de pasada y a jirones en un sitio y en otro, y ahora vienen casi todas las noches  a compartir conmigo en la biblioteca, como antes lo hacían los parientes en la sala de respeto, y me cuentan, y tomo nota, y me asombra haber vivido lo vivido siquiera de refilón… cómo se arma una novela es un asunto muy extraño, muy azaroso también, qué metes y qué dejas fuera y por qué. No hay ficción autobiográfica que valga, sino cuento chino, melopea.

Mohoso

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Me acordé de Mohoso el otro día porque en casa todo olía a moho, a encierro, a invierno… hasta la taza del café.
Mohoso que se escurre de ir a la guerra en la maltrecha tropa de sir John Faltstaff, pícaro avant la lettre cuyo ejército estaba compuesto de harapientos y borrachones: «los desperdicios de un mundo cómodo y una larga paz». Falstaff que va a la caza de desgraciados para rellenar sus filas de manera abusiva: Mohoso, Novillo, Sombra, Débil…
—¡Mohoso, ya es tiempo de airearse! –le dice Falstaff al interesado antes de reclutarlo a la fuerza; pero Mohoso protesta y aduce que está débil, no come y su madre se va a quedar sola y nadie le va a poder hacer la labranza… por suerte  tiene unas monedas para rescatar su pellejo y logra de ese modo salvarse entre chanzas y empujones… Algo que me hizo acordarme de aquellos Baquedano que se escaparon del castillo de Amaiur donde estaban presos, untando a los guardianes… ¿O me lo he inventado? Yo qué sé. Fue hace mucho. El olor a moho está hoy encerrado entre los libros.