Birds in the night

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Un día es Luis Cernuda, otro García Lorca y ahora Miguel Hernández en las manos sucias de aquellos que se niegan a anular indecentes procesos militares como el que llevó al poeta a la cárcel que le mató y condenar de frente al régimen franquista que envió al exilio sin retorno al español sin ganas, autor de «Es triste que fuera mi tierra», y asesinó en Granada al de «El toro de la reyerta / se sube por las paredes
Ahora es la Cifuentes, siniestro personaje, quien se ampara de Hernández para hacer política gubernamental. Aplauden lo que fue escrito contra ellos, banalizan lo que puede perjudicarles, honran a aquellos que representan lo contrario de lo que ellos son, de sus actuaciones y prédicas.
Luis Cernuda lo clavó en su poema Birds in the night, dedicado a las pompas  gubrnamentales, inglesas o francesas, en honor de Rimbaud y Verlaine, en el mismo lugar donde los poetas fueron perseguidos, encarcelados, execrados. Busquen, lean:

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.

 

 

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La bandera y su paisaje

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No, lo siento, no soy yo quien se repite, sino los acontecimientos diarios y con una alarmante tenacidad además.

La patria y su sagrada unidad está en peligro, banderas a la calle pues, altisonancias, bravuconadas… y tristezas, muchas. No hay quien no se sienta Don Pelayo, por lo menos, pero de que tenemos «el único sistema de seguridad social del mundo con patrimonio negativo», de eso ni palabra, y de que, en consecuencia, el sistema de pensiones ha entrado en el terreno del milagro porque esa misma situación en una empresa privada es causa de su disolución y cierre, de eso menos. Silencio, pero silencio total.

Han saqueado el fondo de pensiones. Catalunya pues, traición, sedición, cárcel para todos, y si no queda más remedio que hablar de Catalunya, entonces Venezuela y esas cunetas que no le importan a nadie porque, en efecto, ni los que en ellas yacen ni quienes tienen legítimo interés en dar con ellos cuentan para nadie en el mundo que quienes gobiernan y sus secuaces están construyendo. Con las últimas imputaciones por causa del sistema económico implantado por el PP, el del pelotazo (a escondidas) y tente tieso, pasa lo mismo. La bandera lo tapa todo, la bandera lo aguanta todo, como el pan de molde aquel que sacaban por la televisión.

Y si los ruidos patrióticos silencian las últimas novedades de la delincuencia institucional, más lo hacen con los delincuentes condenados y no encarcelados, por ese milagroso arte de birlibirloque que practican algunos tribunales españoles en beneficio del Gobierno y de quienes a su sombra han medrado, como si esto hubiese sucedido hace tanto tiempo que ha caído ya en el preceptivo olvido y en el desinterés que lo acompaña. Casos aislados todos, hilillos de plastilina. Esas actuaciones judiciales trasmiten un peligroso mensaje: los autores de las fechorías delinquían, pero tampoco mucho, no siempre lo legal va de la mano del «así es como se hacen las cosas, ya sabes», y además hacían patria desde sus puestos de gobierno o a su sombra adheridos. Por no hablar de lo que a todas luces se trasiega en las trastiendas: ese comercio de secretos, beneficios, faroles y manos sorprendentes. De pronto unos, cuando se ven con el cieno de su condena al cuello, acusan en firme a quienes habían quedado fuera, mientras que otros que estaban dentro, retiran sus acusaciones y callan. Pongan ustedes los nombres. Son los protagonistas desgastados del siniestro guiñol en el que hemos vivido como si nada fuera con ellos.

«Hablarán los tribunales…» dicen los más cínicos. Cierto, solo que unas veces lo hacen a velocidad de vértigo, como si estuvieran azuzados por el cómitre de alguna galera, y otras se lo piensan mucho, tanto que se les echa la noche encima y al final se pierde hasta el rastro mediático de los malhechores.

¿185 desahucios al día en el segundo trimestre de este año? Bandera, bandera y no se hable más. ¿13 millones de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social? Nada, a desfilar, a la cabra, a repartir unas medallas y que le escriban un discurso al rey. De las cifras de paro no hablamos porque las oficiales son engañosas, cuando bajan hay campanas al vuelo, y cuando suben silencio total y bandera, así que vaya usted y pregunte a los interesados, a los parados de larga duración, a ver de qué viven, a ver qué dicen. El empleo precario no cuenta, la manipulación informativa es precisa para la cosa de la patria, como lo es que la desigualdad social sea cada vez mayor porque es necesario que la clase dirigente se enriquezca para que siga siendo la que lleve las riendas y la sociedad funcione… algo así dicen, algo así se les oye. La precariedad sanitaria y los escándalos a ella unidos son casos aislados que, como mucho, nutren alguna página de sucesos o de «¡Qué mundo!». ¿Y los suicidios? «Nada, hombre, leyendas… ¿Diez al día dice usted? Será por capricho, por enfermedad, nada que ver con ese vivir ahogado del que solo hablan los rojos, los populistas y los secesionistas…» Aquí lo que cuenta es la bandera  y el artículo 155 de la Constitución, ese que pocos han leído, aplastar la rebelión catalana, hacerles ir a morir al palo, encarcelar a los mossos y a todos, verlos humillados con capirotes y sambenitos, procesos, mucha cárcel… y así, con furia en vena, vamos tirando, callejón sin salida adelante.

*** Artículo publicado en los diarios del Grupo Noticias 22.10.2017

**** La imagen es una ilustración de Clément Serveau para Voyage au bout de la nuit, de L.F. Céline (1935).

Irse por las ramas

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Por las ramas… o a secas. La tentación es grande, pero no te vas, sino que te quedas porque no te queda más remedio, porque no es tan fácil poner tierra de por medio.

Digo que escribo de la actualidad (más rabiosa que nunca) porque no me queda más remedio, pero quizás no sea solo por eso. Sé que detrás hay un sentido de la libertad, la justicia, la fraternidad elemental, la indignación ante lo que considero atropellos que  tal vez no pueda compartir con todos mis lectores, de la misma forma que yo no asumo por fuerza los suyos.
Veo a mi lado las carpetas de trabajos en marcha y, salvo los dietarios de los años 2016 y 2017, ninguno tiene que ver con esta actualidad que nos zarandea enconados. ¿Voy a lo mío o me parapeto en las ruinas de una torre abolida? No lo sé con certeza porque también percibo que esa actualidad rabiosa acaba colándose de frente o entre líneas en mi escritura. ¿Puedo, por el hecho de dedicarme a la escritura,  aportar algo de claridad al debate general y no solo porque el alcance de mis trabajos sea por fuerza limitado? Lo ignoro, de veras que lo ignoro, porque aunque no lo parezca,  no siempre son aburridas arengas airadas, sino necesarias voces de socorro, al menos para mí. ¿La sorna, las palabras vitriólicas, que sí, que son las mías, ya sea en un artículo semanal o en un guiñol novelesco, tienen su origen en el desacuerdo radical con la realidad que me guste o no vivo? Es más que posible. No veo cómo puedo zafarme del bosque y no me zafo, pero no hago metateoría del compromiso del escritor hecho predicador o Espartaco. Ni exijo explicaciones ni las doy, con expresar mis perplejidades me conformo.

Tiempo de perros

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Estamos que mordemos. Es asombroso la manera en que nos desautorizamos unos a otros, poseídos de la verdad y el sentido de la historia. Temible ese inapelable  saber  cómo tienen que ser las cosas, tanto como el sentido de legalidad que unas veces es intocable y otras no, a conveniencia de parte. ¿De verdad que queremos vivir en paz o deseamos de poco secreta manera una hecatombe de bolsillo en la que participar de espectadores y que no nos arrastre con ella? Pugnas estas que no terminan en acuerdo porque no es costumbre, sino en una paz de vencedores y vencidos… y ya volveremos a vernos las caras en la próxima ocasión. Manera parcial, sesgada la mía de ver las cosas, pero lo cierto es que no puedo compartir ni fervores ni entusiasmos, aún sabiendo que en estas circunstancias el de simple espectador es mal papel, temores e inquietud en cambio sí. Tan difícil es hablar con independencia de criterio, con el corazón y cabeza, sin mirar al público ni temer al perjuicio social, como callar. Temo el sentido del orden, la legalidad y del uso de los métodos represivos que tienen quienes gobiernan. Descreo de sus métodos de gobierno y de su rectitud de intención. ¿Importa? Nada. Palabras perdidas en la Taberna de los Cuatro Gatos. Temo lo que está previsiblemente por venir, en lo público y en lo privado, eso es todo.

*** Imagen de Bucarest 2007, Kalea Plevnei

Fronteriza

mm8390_140919_11747_1800x1200Quienes argumentan a favor de una época sin fronteras, de una ciudadanía del mundo, de un internacionalismo sin barreras, parecen en cambio no ser enemigos de esas alambradas fronterizas que impiden la entrada en Europa de refugiados en estampida, con un coste cierto en vidas humanas, humillaciones, vilezas, maltratos… por no hablar de las burocracias delirantes de los permisos, visados y demás sobre los que no dicen ni palabra. Lo que en una palestra es argumento de peso, en otra es silencio y un obstinado mirar para otra parte. Ese abajo las fronteras suena a todo lo contrario que a desalambrar cortijos.

No era el mejor día

DSC_0119o tal vez sí para escuchar el ruido bronco del mar. Eso sí, he conseguido empaparme. No siempre estás de humor y menos en un día como este por mucho que camines –sobre la desobediencia escribe ahora, con éxito comercial, Frédéric Gros, el aplaudido apóstol del caminar: de la teoría a la práctica hay un trecho fabuloso–. Pienso que hace cinco años, cuando estaba escribiendo El asco indecible, una actuación como la de Rajoy proclamando la llegada de la tormenta del artículo 155 de la Constitución me hubiese enfurecido, hoy me ha producido más tristeza, desasosiego  y desesperanza que otra cosa. Hace ya tiempo que sostengo que pase lo que allí pase, nos va a salpicar a todos. Algo se ha roto estas últimas semanas o ha terminado de romperse, y el desgarro tiene mala compostura. Estamos en días de borrasca y de callejón sin salida, y no me complace escribirlo. Ayer me decía que no es lo más grotesco, porque es lo más habitual, pero tiene guasa que quienes contribuyen con su complicidad mediática a que, en efecto, esta sea una época poco propicia para lirismos convencionales y esteticistas, o para abstracciones académicas, son los que más celebran esta frase de Adam Zagajewski: «No es difícil percibir que nos encontramos en un momento que es poco propicio para la poesía»… Dicho al margen de que tal vez este sea un tiempo de verdad apropiado para una poesía de clamor (Léo Ferré), por mucho que Octavio Paz descreyera, con motivo sin duda, de ella (evito nombrarla poesía de combate) en «La otra voz. Poesía y fin de siglo». Vueleve esa utopía de la poesía que no sea un fruto perfecto, sino lo más necesario, gritos en el cielo y actos en la tierra (Celaya, 1969, lejos, mucho)

Cuestión de mirada

DSC_0089El atardecer de ayer tuvo momentos muy hermosos. Todo depende de la luz y de la propia mirada sobre todo, más incluso que del escenario. No está siendo un otoño muy de Verlaine ni de Trakl siquiera. Ojos vendados. Casi todo lo que no sea participar del ruido general, aunque no aportes nada, suena a frivolidad. El otoño y sus luces están ahí, pero tú estás en otra parte.

Verse las caras (con Léo Ferré)

C’est à trop voir les êtres sous leur vraie lumière qu’un jour ou l’autre nous prend l’envie de les larguer. La lucidité est un exil construit, une porte de secours, le vestiaire de l’intelligence. C’en est aussi une maladie qui nous mène à la solitude.CaZboJNUYAA4cN5.jpg_large

Vernos con nuestro verdadero rostro… la lucidez… una enfermedad que nos conduce a la soledad…

Sabina, cuya sabiduría certifica un ministro de la aristocracia, lo dice, pero no lo dice: estamos teniendo una inmejorable oportunidad para vernos las caras, para saber quiénes  somos en realidad, cuáles nuestros prejuicios, ideas torcidas (las del otro siempre),  furias, rencores, certezas fuera de toda duda, creencias, ideas bandera, ideologías fundamentales… ¿Lucidez? ¿Cuál? La nuestra siempre. Hacía tiempo que no íbamos tan lejos en el reconocimiento del terreno y de sus habitantes, con el terrorismo y el todo es ETA se fue lejos, pero nunca tanto como ahora y de manera tan definitiva, y para mí lo definitivo es una década más (o poco menos y con suerte) que se pasa volando como esta que hemos dejado atrás y nos ha dejado exhaustos… Ni nos gustamos ni nos estimamos más que en el propio bando. Viene de tan lejos. Forma parte de una educación sentimental de vencedores y vencidos, de cabales y de réprobos, de buenos y malos, de nosotros y ellos… mamado, recibido a modo de doctrina sagrada sin pestañear, sin reniego ni «arrenuncio». ¡Qué pesadilla! Y no hay manera de despertar.

Los diarios de Piglia (Renzi)

IMG_0012Compré el segundo volumen de los diarios de Piglia, intenté leerlo y lo abandoné a medio camino. Me dije que después de haber intentado interesarme en el primero no repetiría intento, pero hace unos días compré el tercero, que termino de leer esta tarde y me digo que Piglia no es que me aburra, sino que no logro poner el interés necesario;  pero veo que el ejemplar está ya plagado de acotaciones, subrayados, marcas, de muchos pasajes acertados  dedicados a la escritura de diarios y otras (pocas) a los efectos de la represión de la dictadura militar argentina en el autor y su medio. Intento encontrar al autor en sus diarios  y  me tropiezo, en el peor sentido, con sus dificultades para escribir una novela que no he leído –me pasó lo mismo con los diarios de Donoso tan aplaudidos-  y disquisiciones filosóficas que me superan, así que es culpa mía más que del autor, claro, que me cueste compartir el entusiasmo de la cátedra y su clero. Me interesan sus miedos, precauciones y empeños en  poner en limpio sus diarios de muchos años porque son los míos, una tarea titánica, la mires por donde la mires, muy crepuscular, muy de ver o sospechar el final del camino «con su fea cara de rana patituerta», diría Boris Vian. Me interesa cuando me hace pensar en si la escritura de diarios necesita de un lector cómplice que no vea en ellos una sucesión de naderías y solo eso: «la experiencia confusa, sin forma y contingente de la vida».

Me han gustado unas líneas (páginas 194-195) en las que narra cómo está seleccionando unas páginas de su diario del año 1987 para mandárselas a un editor de Barcelona a propósito de «’la escritura del Yo’, que se basaba en la conocida tentación de revelar secretos de la propia vida, previamente acomodados al sentido común general»; un editor que «había creado una colección dedicada a ventilar las estupideces de la vida doméstica de los domesticados hombres de letras de las nuevas –y también de las viejas– generaciones.»

El escudo de Arquíloco

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*** Arquíloco, su escudo y las inclemencias del tiempo.

*** Insultos descarados, dengues de pasmados (los míos), silencios que truenan, olvidos de desmemoriados, rabiosas crueldades, mentiras descaradas hechas tanto munición de fuego graneado como jugosa dieta de trinchera, difamación a raudales, ganas de apuntillar al enemigo, galleras azuzadas a voces, bandería sin recato, víctimas y verdugos de ocasión ambos, trastiendas indescifrables, enconos viejos hechos nuevos por arte de birlibirloque, togados y no togados retorciendo leyes, justicia bajo sospecha de fundamentos ideológicos y sectarismo, mañas de tahúres con las riendas de la cosa pública en las manos…  ¿qué de raro puede tener que busques refugio en otra parte?

*** No participar a voces en la gallera general no quiere decir que te desentiendas de lo que ahora mismo sucede en la escena pública, sino que intentas coger distancia. Además, cuando no tienes propuestas que ayuden a salir del callejón en el que estamos metidos a qué repicar consignas o comentar lo que se comenta solo. El mentidero no es el mejor lugar para la reflexión y las ideas claras.

*** Y sobre todo, no esperes a comprobar en tu cabeza que no hay Caín que no se tome por Abel: huye, hazte humo… sí, pero lo cierto es que nunca te vas muy lejos. Unos y otros nos tenemos agarrados de  las solapas y no nos soltamos porque sospechamos que tal vez, si lo hicéramos,  no sabríamos en qué dirección echar a andar.

Un sayo ostenta hoy el brillante escudo
que abandoné a pesar mío junto a un florecido arbusto.
Pero salvé la vida. ¿Qué me interesa ese escudo?
Peor para él. Uno mejor me consigo.