“¡Yo soy corrupto…!”

Captura de pantalla 2016-08-28 a las 17.43.28¡¡..Porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amooor…!!!», o algo así. Demasiado grave lo que sucede para andar en chanzas, pero ¿qué podemos hacer, qué más decir que no se haya dicho? Además, si presto atención a los ruidos de la oscuridad eso es poco más o menos lo que oigo, cuando no la pedorreta del gamberro que se pitorrea de ti de manera cobarde desde la oscuridad, como en la película Amarcord. En todo caso, cuando no parece quedar otra salida que las burlas y las chanzas, malo, son un pobre consuelo.

La regeneración nacional ha comenzado por la redefinición, fuera del código, de los delitos que, relacionados con la cosa pública o a su sombra, tienen como objeto el enriquecimiento personal injusto. De entrada va quedando claro que solo es delito hacer privado aquello que por destino únicamente debería ser público si te cogen, o mejor dicho si lo hacen y al final te condenan, y no en todos los casos. Hay que amparar a una clase social de corruptos sin tacha cuyas economías dependen de los entresijos de lo público y para eso nada mejor que cambiar las formas: no son todos los que están, pero en el ajo están más de los que aparecen por sucesivas oleadas, o viceperversa, ya no se sabe muy bien.

Es decir, estamos como siempre, solo que hay que hacer más difícil el que te cojan, cambiando no sé si el qué o el cómo. A eso se le llama con verdadero desparpajo «Regeneración nacional», como si lo cometido no fuera con ellos. La delincuencia redacta el Código Penal y asalta de paso la magistratura. El mundo al revés, no, el mundo como siempre. ¿Extraña que la exposición de El Bosco haya tenido tanto éxito? No, pero no es este el motivo. En el espejo siempre aparecen otros.

No vuelven los clérigos casuistas de los siglos XVI y XVII, retorcedores de hechos, leyes, palabras y argumentos, porque siguen aquí: va para 400 años que parecen inspirar sin remedio a los granujas que por la fuerza de las armas o por los votos orquestados se alzan con el poder en España. Hay que darle la vuelta a lo evidente, hay que hacer como si no, cuando es sí, hay que transformar al agredido en agresor, al perdedor en ganador, al verdugo en mártir… y todo a base de palabrería y galimatías, buscando la boca abierta del auditorio. Y a quien se atreva a denunciar la corrupción generalizada hay que tacharlo de enemigo de la patria y de la paz social, porque quien gobierna no tiene la culpa de que el que vive a dos velas (fúnebres) no se sepa mover en el arrebuche. Y de paso es preciso atar corto a la prensa que se atreva a no repicar las consignas que encubren una política económica tan de clase como chapucera.

 Aquí no se trata de atacar las cuestiones de fondo que encenagan el país, so pretexto de la conquista del poder (en otros países se llama «formación de gobierno»), sino de enmascarar las malas formas, de cubrir las apariencias y de transformar el cambio social (resulta repulsivo llamarlo regeneración nacional) en represión de disidentes. Aquí ya no se habla del empobrecimiento nacional ni de los contratos basura transformados en recuperación económica, aquí se habla de salvación y de Todo por la Patria para encubrir lo que no solo Julio Anguita tacha de golpe de estado incruento de nueva generación. Una puesta en escena deplorable. José Luis Cuerda lo hizo mejor en la gloriosa película Amanece que no es poco: solo se trata de que ganen los de siempre.

Y vuelvo a las chanzas, por la calorina más que nada, y hago memoria de mi infancia y de un cuento ilustrado, Ali-Babá y los cuarenta ladrones, y recuerdo que la escena que más me gustaba era la de Ali-Baba escondido dentro de una tinaja, como aquellas del aceite en el trujal, viendo cómo los bandidos se repartían alborozados el botín, una auténtica juerga, una fiesta nacional hoy, con rejones y descabellos preceptivos, los que se lleva un día sí y otro también una ciudadanía hastiada, exhausta, empobrecida y sobre todo burlada por principio, por forma de vida.

*** Artículo publicado en los periódicos del Grupo Noticias, el 28.8.16.

Bolivia, cielos e infiernos.

P1120982*** La imagen de una de las coqueras de la calle Sebastián Segurola, de La Paz. La cuelgo al azar de un libro de crónicas paceñas que termino estos días.

Da gusto ver la cantidad de bolivianólogos que han aparecido en España después del asesinato del viceministro Illanes; y especializados en cuestión minera, encima. Leen cooperativista y se corren, sin tener la más remota idea de lo que hay detrás, ni de quién o quiénes son los verdaderos propietarios de esas minas, y desde donde las dirigen. Asombroso. Parece mentira que en un país tan poblado de listos y de doctos estemos gobernados por incapaces y chorizos. Para variar, Bolivia ha recuperado existencia mediática gracias a la violencia sangrienta.

Para mí, Bolivia, después de nueve viajes, entre 2004 y 2014, y de haber pasado allí alrededor de año y medio de mi vida, sigue siendo un enigma, por mucho que haya conocido y tratado a líderes mineros de Llallagua y Siglo XX, abogados mineros del gran capital, ministros del Evo, un ex presidente de la República, galeristas de arte, pintores, activistas del MAS y del proceso de Cambio, taxistas, policías antinarcóticos de la FELCN (a mi pesar estos), un fiscal, ladrones y maleantes ( a mí pesar también), escritores, periodistas, editores, pichicateros, diplomáticos, movimientistas de la revolución de 1952, golpistas, arquitectos, hombres de negocios, procesados y encarcelados por genocidio, paramilitares y militares de los que acabaron con el Che Guevara, torturados, poetas, profesores, gorrones de embajada casi profesionales, hispanistas fules que me colocaban Navarra en Castilla la Vieja, ensayistas de la derecha y de la izquierda, músicos de valía, historiadores, estafadores del negocio turístico y estafados, cocineros, coqueras y coqueros con y sin conversación, las caseras del mercado Rodríguez y aledaños, oenegistas tramposos y otros que no, gente que daba el callo en la cara oscura de la vida ruidosa –por ejemplo cuidando ancianas judías supervivientes de Auschwitz–, curas de la derecha y de la izquierda, monjas, yatiris y borrachos de profesión u oficio…

He leído, visto, oído y escuchado de todo: marchas, bloqueos, recepciones de aparato, clubs exclusivos de corbata preceptiva, casas de lujo y casas proletarias, madereros durmiendo rifle al brazo, rescatadores de oro del Madre de Dios, contrabandistas de coches en la frontera brasilera, riqueza y miseria sangrante, dinamitazos, gente que corta el camino machete en mano y pocas bromas, muertos NN en la morgue «apilados como leña, pues», cementerios clandestinos, mítines vibrantes en la plaza Murillo y en lugares perdidos del norte de Potosí, allí donde el diablo perdió el poncho, he pijchado duro con campesinos y con visionarios de la cosmovisión andina, y en la soledad forzosa de todo viajero, he asistido a conferencias culturales más pesadas que cuto en brazos; he visto a izquierdistas españoles y franceses caérseles la baba y tolerar y justificar cosas, como la justicia comunitaria y el uso del chicote, que en su tierra no tolerarían jamás; he oído culpar de los estatutos de autonomía a la ETA, a los nacionalistas vascos y catalanes en general como asesores del Gobierno; he visto el declive de los entusiasmos políticos de hace ocho años… y sigo sin hacerme una idea de lo que allí pasa, ha pasado y pasará a nada que hagas de adivinador del porvenir. Hace años escribí un artículo titulado algo así como «Patear el avispero». Esa es una imagen recurrente que me sigue pareciendo válida.

 Durante estos años, y desde este lado, me he dado cuenta de que Bolivia solo salía a relucir como motivo de burlas o con el pretexto de algún hecho sangriento de violencia ciega, como ahora con el viceministro Illanes y eso me ha parecido injusto y me ha apenado. Me incomoda cuando veo que se trata a Bolivia como un parque de atracciones, un laboratorio de experimentos políticos o un muladar del que sacar tajada mediática propia del espectáculo de variedades en que vivimos. Me duele y tal vez consiga explicarlo algún día.

No sé nada de Bolivia y no me atrevo a decirle a nadie como es y como tiene que ser su vida, que me parece no ya arrogante sino una falta mayúscula de respeto. Si no tengo una idea muy clara del mundo y el lugar en el que vivo y no deja de sorprenderme, para rato voy a tenerla de aquel país complejo y laberintico.

Estoy seguro de que mañana, cuando el ruido del asesinato de Illanes se apague, Bolivia regresará a su limbo con su cooperativista y sus propietarios mineros en la sombra, sus ansias de reformas políticas y sociales, sus abusos de autoridad, su clasismo y su racismo, sus indígenas originarios más olvidados que otra cosa en cuanto miras detrás del escenario, sus riquezas y su pobreza sangrante… mañana, esa es otra.

Valemos más que esto

enhanced-32545-1461847566-1Traduzco libremente un panfleto leído estos días, On vaut mieux que ça –tiempo de panfletos y libelos este y de no dejar que la ciénaga se endurezca como hormigón armado de búnker–, escrito por nueve jóvenes franceses que plantean cuestiones sangrantes de la supervivencia de los invisibles sociales y apuntan caminos de cambio que enlazan con lo publicado en este diario acerca de Jóvenes en Pie. Panfletos necesarios, como los libros de viajes, para pervertir a los que están en reposo, a la España que bosteza, a la muerta viva. (Sigue enlazado a la publicación del artículo en Cuarto Poder)

Ulises, de Salas Subirat

IMG_0258 No es aventurado afirmar que ese ejemplar de la primera edición de 1945 en castellano de Ulises, de James Joyce, era el único que había en mi ciudad y el que probablemente hubo en mucho tiempo. Una rareza en una ciudad con el mayor seminario de España (obra de Eúsa), erizada de campanarios y apretada de conventos y cuarteles, sin universidad, sin industria digna de llamarse de ese nombre… con los rebaños de ovejas pastando por lo que hoy es el centro de la ciudad. Su poseedor, Fermín Negrillos, abogado y hombre de fortuna, tenía en su biblioteca enmarcados sendos permisos del obipo de la ciudad y del gobenador civil para leer libros prohibidos. Siguió a los ballets de Diaghilev e hizo relación son Serge Lifar.  Con seguridad que la suya era la mejor biblioteca privada que había en aquella ciudad de unos 50 000 habitantes. Miles y miles de libros, desde comienzos del siglo XX a los años sesenta todavía. ¿Quién más tendría y habría leído con minucia La Recherhe du temps perdu conforme iban saliendo los tomos..?.
Libro de contrabando el de Joyce, eso seguro, de los vendidos bajo manga, que llegaban en la posguerra vete a saber cómo… ¿Comprados en Madrid? ¿En Biarritz? ¿En Tanger? En París? No sé. Tuvo suerte, su biblioteca ni fue expurgada ni quemada ni incautada como las de otros ciudadanos.

IMG_0259La biblioteca de Negrillos la diseñó un magnífico arquitecto, Víctor Eusa, que fue miembro de la Junta Central de Guerra Carlista, la que decidía quién vivía y quién moría en aquella retaguardia criminal de 1936-1939.  A dos pasos de la casa de negrillos habían fusilado a algunos vecinos que él por fuerza conocía: el churrero, el abogado… hoy hace 80 años que hicieron una matanza en la que fueron asesinados 52 personas, de las que él conocía a varias, también hace 80 años de sus viaje por la España en paz hasta Badajoz  pocos días después de la matanza de Yagüe para que el director del periodico escribiera una patraña venenosa…
Eusa es el autor del ex libris racionalista que marca el libro con las iniciales de Fermín Negrillos. En aquella  biblioteca se reunían golpistas, como Garcilaso y Eúsa, y otros adheridos con entusiasmo a la nueva situación, que salieron  bien de la guerra, es decir, más ricos de como entraron. La biblioteca se desbarató en los años ochenta, como bien sabe Bonet, que estuvo en el desbarate y metió a su propietario en el Diccionario de las vanguardias donde lo da como amigo de Eusa y como diletante. Me gusta esa edición porque es la primera que leí, en una edición de Rueda, pero más tardía,  libro regalado por el poeta José Luis Insausti.
A su traductor, el argentino José Salas Subirat, me lo encontré hace unos años en un relato del boliviano Oscar Cerruto, escrito en Bueno Aires, durante la estancia del escritor en la Argentina. Un relato protagonizado por el pintor Cecilio Guzmán de Rojas en su época de Londres e investigaciones esotéricas que lo llevaron a la pintura escrementicia… cuando se encontró con un impostor argentino que se hacía pasar por Salas Subirat y que le hizo víctima de engaños. El impostor  fallecería en extrañas circunstancias, pero esta es otra historia y no solo el relato La muerte mágica de Cerruto

Este blog (Vivir de buena gana)

IMG_0260Lo empecé, de buena gana, en enero de 2009. Mucho tiempo, demasiado, que ha volado mientras las cosas cambiaban: las formas de comunicación, de lectura y escritura, el libro, las librerías, la prensa que dictaba las normas sociales y culturales, las redes sociales, fluctuantes, como todo, la realidad social y política que vivimos… Ha habido de todo, momentos de entusiasmo, de fatiga, de preguntarse esto para qué, y disgustos varios… A veces tengo la sensación de haberle quitado tiempo a otros trabajos de más sustancia.
No quiero engañar a nadie pero estoy procediendo a la limpieza de lo que considero hojarasca: artículos de prensa  semanales, los de mi sección “Y tio porque me toca” (Grupo Noticias) que ya no enlazan a ninguna parte, borradores que en ese estado se quedaron, fragmentos de libros ya publicados – Vivir de buena gana (2009), Idas y venidas (2012), El asco indecible (2013),  Con las cartas marcadas (2013), La sombra del Escamiento (2013), A trancas y barrancas (2014), notas de viaje a Bolivia y a otros lugares… en algún momento hubo más de tres mil entradas y muchas más fotografías, casi todas propias,  que en sucesivas tandas se han reducido mucho. Estos días pasados he retirado más de quinientas entradas. Creo que me detendré en enero de 2015 porque hasta esa fecha casi todo está publicado en formato de libro –las notas del año 2015 iban a formar, en parte, el dietario Rumbo a no sé dónde que por razones diversas decidí no publicar– o lo va a ser en el futuro en cuanto encuentre editor para esos dietarios o libros misceláneos o lo que sean.
Lo referido a Bolivia es distinto. No renunció a escribir sobre ese país, sus culturas y sus gentes, pero no como hasta ahora. Escribiré desde el recuerdo, pero no serán ya notas de viaje.
Yo no sé hasta cuándo puede durar esto sin repetirme. Solo sé que hace años lo escribía con más facilidad que ahora mismo…. no sé si lo que viene o sea va son fragmentos de una novela desordenada, de un libro de memorias, de un dietario, de un diario volátil, de un ensayo que tiene por fuerza que llevar el título El asco de nunca acabar… ya iremos viendo, mientras tanto que sirva como aquel Cuaderno de todo, que tenía Carmen Martín Gaite

*** La ilustración es de Mundinovi (Gazeta de pasos perdidos), libro misceláneo que publiqué en 1987… el tiempo que va pasando… como una destrozona… ¿La pipa? Ah, sí, una Astleys, de Eagle House, Jermyn Street, regalo de un buen amigo.

 

 

Parece mentira

rajoy-congreso-20070115 Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

Pero no lo es, por mucho que lo parezca. Lo que estamos viviendo es la cruda realidad. No se trata tanto de que tengamos pesadillas un día sí y otro también y de que, al despertarnos, esté Rajoy de cuerpo presente con su boba mueca al pie de la cama, sino de que no hay otra realidad que esa, la de un presidente de gobierno en funciones al que le dejan burlarse de manera impune de los ciudadanos de un país de la Unión Europea. Solo quien está convencido de que ejerce el sometimiento del dictador locoide puede actuar así.

Digo bien «le dejan» porque los despropósitos que está cometiendo no podrían lograrse de no contar con un apoyo mediático incondicional que no pone en tela de juicio su deshonestidad flagrante de político en ejercicio. No estoy de acuerdo con quien sostiene que la honestidad no es un parámetro político para juzgar a los profesionales de la política. En el caso de Rajoy sí lo es porque es ya un espectáculo, siniestro, pero espectáculo, al que debemos asistir lo queramos o no, en el que las duras veras apenas se esconden detrás de las patochadas. Nos hemos debido acostumbrar a ser burlados, de lo contrario no se entiende.

Parece mentira que los medios de comunicación presentes en las farsas en que ha convertido Rajoy las ruedas de prensa no le hubiesen preguntado por sus promesas y afirmaciones incumplidas ni que nadie le haya reprochado que lo suyo es una enredada madeja de decires y «desdecires», de promesas que encuentran su eco en patrañas descaradas con las que demuestra un nulo respeto no ya por los periodistas que acuden a escucharle decir necedades, sino por los ciudadanos, le voten o no, esos españoles en general en cuyo nombre habla y a los que en la práctica ignora. Visión la suya de amo de cotarro más que de gobernante.

No son solo los votantes del Partido Popular quienes permiten este estado de cosas. Rajoy tiene poderosos apoyos mediáticos y también sociales de personas que tal vez no le voten, pero que apoyan el sistema social que él representa mientras este les siga permitiendo hacer dinero y mantener su estatus. La gente guapa no siempre se rebaja al voto, con las copichuelas en el Club de los Zánganos le basta; otra cosa es cuando confunden las urnas con las monterías. Hay que reconocer que toda una clase social se está enriqueciendo de manera imparable gracias a la política económica del Partido Popular y es lógico que con lasitud y bostezo apoye las trampas del maestro de ceremonias.

Parece mentira que la vida pública de un país gire en torno a si el día de Navidad se pueden o no convocar unas terceras elecciones que revienten las fiestas navideñas. Una amenaza de un daño social evidente perfectamente calculado, ¿por el propio Rajoy?, algo que no se le reprocha, y que quiere cargar en la penosa cuenta del Partido Socialista si de una manera u otra obliga a repetir elecciones: rabieta de monja y los niños castigados. Parece mentira que haya que tomarse en serio todo esto… o en broma, porque veras son, y bien siniestras. ¿Fastidiarle las navidades a la ciudadanía, una estrategia política? Se comenta solo. Solo un tonto malvado puede pergeñar semejante cosa.

Parece mentira que ante este estado de cosas una ciudadanía que hace tres años parecía que iba a comerse la calle cruda, esté apagada y más que apagada, desinflada, lo pinten como lo pinten. ¿Para cuándo la rebelión? Para nunca, no vaya a ser que nos quiten el chinguelbel, chinguelbel en paz… «Cuidadito» con el turrón y la zambomba.

Parece mentira que un ministro del Interior se dirija a un periodista al grito de «Cuidadito» porque eso no es mera descortesía sino amenaza de matón sabedor de que puede hacer daño de manera ventajosa. ¿«Cuidadito» con qué? ¿«Cuidadito» por qué? ¿Se falta por preguntar? Mamaron franquismo y lo excretan hasta en el aliento. A ese ministro hay que cargarle la cuenta de la libertad de expresión dañada con su ley Mordaza. Todo un proyecto de sometimiento de los medios de comunicación a su régimen autoritario. ¿En qué manos estamos? Parecerá mentira, sí, pero es más pesadilla de la de nunca despertar.

ITEM MÁS: lo que parece mentira es que un personaje como el de la imagen pueda ser presidente de gobierno de un país de la Unión Europea.

 

La tortura, esa lacra

¿Cabe preguntarse cuál es el grado jurídico de complicidad del juez, ante el que se denuncian torturas que no investiga, con los torturadores?
Y junto al juez que de esa manera actuó, habrá que hacerlo sobre los médicos forenses, los abogados de oficio, los periodistas y directores de periódicos que silencian estas denuncias por sistema, y de ese modo las encubren, por la ciudadanía que calla, al justifica o aplaude con crueldad… la tortura es una lacra social que no tiene traza de desaparecer, al contrario., vino para quedarse.

El club de los zánganos

IMG_0255 IMG_0256Hubo un tiempo en el que los jovencitos sin botines tenían como autor de cabecera a Wodehouse. Era elegante decirlo, cuando lo que se llevaba era El libro rojo, de Mao, o comerla en Casa Cuevas, en honor de los gopistas del 36,  lo mismo que levantar la mano en una asamblea universitaria para pedir que se enviara un telegrama de felicitación al Consejo de Guerra de Burgos por sus condenas a muerte… dandysmo, dandysmo, como Robert de Montesquiou, pero con olor a pez, a bodega oscura y a sacristía. La perica en papelas hechas con billetes de mil duros –¿Eh, Alvarito, te acuerdas?– vendría más tarde, con el pasaporte diplomático. Pero no vivían en Londres, sino en un pueblón sin otra gracia que no tenerla del que escapaba todo el que podía para no regresar jamás, como Morenés. El club de los Zánganos sin embargo seguía abierto, aunque al final lo fuera de matones, porcheros y bien empericados, carcomas de muerte lenta, y los primeros fueran envejeciendo y luego falleciendo uno a uno lo que daba lugar a grandes funerales nacionales con marcha de pompa y circunstancia… melancólica incredulidad con todo. (Moriremos nosotros también, fragmento)

Pensar en España

tumblr_nwocb0embl1qdg46yo1_1280Es la frase del día, pero no de todos los españoles, tan solo de los que aspiran a formar un gobierno continuista con el máximo de apoyos o con los menos obstáculos posibles: Rajoy, Rivera y su tropa. Se conminan a hacerlo, pero en un solo sentido, en el suyo. Los demás no pensamos en España, los demás pensamos en su destrucción, en reducirla a la pobreza –el cinismo de esta gente es encaje de bolillos–. Pensar en España significa formar un gobierno que siga ejerciendo el poder como hasta ahora, utilizando el temible aparato legal ya instaurado. Lo de gobernar con buen sentido no va con ellos. Voz de sacrificio la suya que encubre la trapacería política, mera retórica convertida en exigencia moral. Solo que me resulta imposible no maliciar que cuando hablan de “pensar en España” en realidad lo hacen de su cuenta corriente y de la de los suyos, su verdadera patria. ¿Zafio? Mucho, pero menos que sus puestas en escena y consiguientes arengas cuarteleras y casposas.

Pensar en España… Me lo creería si hubiese oído, siquiera de lejos, hablar de la cifra imparable y silenciada de desahucios, de la precariedad laboral que a nadie conmueve, de los excluidos sociales, de la deuda pública encubierta y maquillada de mejoras de clase, del empobrecimiento sistemático de una parte importante de la población, del desmantelamiento del sistema sanitario, del hundimiento de la educación, de la represión y amordazamiento de reclamaciones justas, de las políticas internacionales, si tal cosa es posible llamar a lo que practica el gobierno del PP, del TTIP y de otras dejaciones de la soberanía nacional, de la actitud ante los refugiados, los del Este y los del Sur, de los CIES, de la patraña asumida y extendida como forma no ya de gobernar,  sino de vida social, del control de los medios de comunicación, del saqueo del fondo de pensiones, del acceso a la justicia, de la necesaria reforma de la Constitución y de una remodelación del modelo de Estado, de la política opaca de Defensa, del enriquecimiento indecoroso de la clase política y de los que medran a su sombra, del auge de las mafias y del narcotráfico… Porque esto es España ahora mismo, les guste o no a Rajoy y a Rivera, los patriotas a los que tanto les preocupa España, por la que están dispuestos a hacer no sé qué sacrificios metafísicos porque de los otros, los que pueden tocar su bolsillo o su estatus social, de esos nada, todo queda en un terreno ideal de aparato y poca cosa, vaguedades como mucho, las mismas que yo por fuerza utilizo y que de inmediato reciben la acusación de demagogia. Aquí todo lo que les estropea el paisaje lo es, y populismo, derrotismo y falta de patriotismo de paso. (SIGUE, en Cuarto Poder, aquí enlazado)

*** La imagen es un fragmento de La nave de los locos de José Parra (Guadalajara Jalisco, Mexico, 1975)

La ciudad de la ilusión

THE_CITY_OF_ILLUSION_70_170_2013_No sé dónde está, quiero decir que no podría ubicarla en ningún mapa al uso, solo sé que abre sus puertas al anochecer, entre dos luces. Llamémosla Biargieta. Tiene calles que recuerdan a Praga, allí por la isla de Kampa, otras al París pueblerino anterior a los derribos de los años setenta y  a los aledaños de  pasajes poco frecuentados, otras sin lugar a dudas a Dublín, a Londres de Chelsea y de la Isla de los Perros (taberna de Charlie Brown), a La Paz (entrañas virreinales) o a Valparaíso y Estambul… Pero en todas sus calles se puede encontrar lo que Chesterton, en su Autobiografía, llamaba “las cosas esenciales de la civilización: una farmacia, una librería, una tienda de comestibles y un bar. Y por último y para gran regocijo mío una pequeña tienda de antigüedades…” Hasta aquí Chesterton. Por mi parte he ido añadiendo un naturalista, una echadora de cartas, sastres, un cementerio judío, un fabricante de juguetes, un cabaret (o dos) y su ilusionista de cabecera, un restaurante de comida étnica, el Don Claudio,  una casa de empeños, unos baños turcos, una feria de atracciones, un cine o dos, un teatro como el de El lobo estepario, un puerto para enbarcarse y una estación de ferrocarril para ir a cualquier sitio… si digo que esa ciudad está habitada por gente que pudo haber sido otra cosa, tal vez diga demasiado. Pero sobre todo he añadido esa chamarilería donde venden las cosas que hemos perdido y las que nos han quitado, y nos informan de paso del cómo, del cuándo y del quién… Una ciudad donde no conocemos en realidad a nadie porque hemos estado de viaje y entre tanto hemos cambiado mucho.

*** La fotografía,  The city of illusion, es de MARCIN OWCZAREK, fotógrafo, cuya página está aquí enlzada.