El comunista

p1000127Había perdido de vista esa casa de comidas. La primera vez que estuve fue con Abelardo Linares, mi editor cirobayesco, la última con Lino Plaza, un mediodía de invierno como el de ayer, en que el cielo y el frío invitaban a guarecerse donde hubiera humo de pucheros. Ayer pasé de largo, me dije que escribiré algo en un nuevo «peatón de Madrid», más desganado y con menos fuerza que hace años, la ciudad no es la misma y yo tampoco.

Un recuerdo

p1000122Cada vez que me encuentro con cosas de estas por la calle, me acuerdo de mi amigo boliviano Oscar Bonifaz que decía que cuando pasaba por la avenida Camacho, de La Paz, camino de su despacho y veía en el suelo  versos de Jaime Sáenz, a quien había, claro está, conocido en vida, comentaba: «¡Está la calle llena de cojudeces, y encima me paro a leerlas!»

El asco de nunca acabar

5c3cd9978c15e.r_1547534248616.0-0-1256-647¡Reconquista! Propaganda para débiles mentales… No, no por fuerza… Wohl auf, Kameraden, aufs Pferd, aufs Pferd! (Schiller, 1797)

Vuelve la AntiEspaña, la del policía franquista Mauricio Carlavilla, y el país de los buenos y los malos españoles. Solo hay un país posible: el suyo, todo lo demás es separatismo, secesionismo, populismo, bolivarianismo…  Si disientes de esta marea estás perdido, te declaran réprobo de inmediato.

Vuelve el país de los buenos y los malos españoles… No, en realidad no se fue nunca, estaba adormecido, creciendo en la oscuridad.

En el supermercado del barrio la llave del armario de los licores está decorada con una cinta de la bandera rojigualda… las pistolas y las porras de muchos maderos, también.

Desalojados, empujados a la miseria, desahuciados, expoliados en derechos elementales que la Constitución ampara: no pasan de ser daños colaterales de un sistema financiero que todo lo devora.

 

El piano de Hölderlin

En breve estará en las librerías este nuevo libro de poemas, cuyo título aquí queda explicado (más o menos)

captura de pantalla 2019-01-15 a las 06.56.10Los poemas reunidos en este libro fueron surgiendo al margen de otros trabajos con los que guardan cierta relación episódica: dietarios, artículos de prensa, páginas novelescas, crónicas de viajes… Su título hace referencia a una idea para mí muy sugestiva como es la de que es preciso «tocar», escribir en mi caso, a pesar de los pesares y muy a menudo por su causa, para escapar de ellos. Hölderlin cortó las cuerdas de su piano; tú, en muchas ocasiones, eres tu propio segalari que te cortas la hierba debajo de los pies. No todo son las circunstancias, la propia zurdería también cuenta.

         Así, «El piloto del Patna», obviamente lord Jim, de Joseph Conrad, hace referencia al capítulo de la novela en el que conversan el naturalista cazador de mariposas Stein y el capitán Marlow, y deciden que tal vez la única salida que tenga Jim sea echarse de cabeza en el desastre para de ese modo salir de él.

Flú

p1000020A Ramón Sanzetenea, arqueólogo boliviano, lo recuerdo una última noche de acullico en Cochabamba, hace ya más años de lo que me gustaría, diciéndome que todo era flú, inestable, volátil, impreciso… movía la mano con un tembleque muy expresivo. Se refería a la realidad social, económica y política de nuestra época, no solo a la boliviana del momento que, esa sí, esa va camino del desastre. ¿Y la nuestra?   ¿Es flú o tiene unos perfiles que cortan con solo mirarlos? Nada parece estar destinado a durar mucho y las certezas que gastamos son banderizas, sesgadas, sobre todo la de aquellos que tenemos enfrente. Todo depende de en qué lado estés, si en de los ganadores o en de los perdedores, de los que se enriquecen con los mercados o de quienes los padecen, de quienes ejercen el poder o de aquellos a quienes no les queda más remedio que soportarlo desde la sumición. Lo demás, más que flú resulta engañoso si solo está basado en las redes sociales, en sus mareas y riadas, en su baile de máscaras.

Homenaje a Velázquez (Jorge Oteiza)

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La vi esta mañana en El Prado. Esto fue en 1975, primavera, Pedro de la Sota estaba filmando una película sobre Oteiza y su obra en Alzuza, la casa a la que acababa de ir a vivir el escultor, cerca de Pamplona. Fui con él una tarde de rodaje. Hablé con Oteiza, de poesía, sobre todo. Se mosqueó cuando me enseñó un patio cerrado, de paredes desnudas de piedra y le dije que era lo contrario de La Flecha de Fray Luis, que recordaba más a algún poema de San Juan de la Cruz… rezongó. A rato me mostró esa escultura y me espetó «¿Qué es?» «Un frontón», le dije a bote pronto más azorado que otra cosa  y se agarró un rebote del carajo, me zarandeo con Velázquez y Las Meninas. No sé por qué se puso furioso. ¿Porqué tenía yo que adivinar nada? Aquel fue el comienzo de una relación que duró hasta el final con altos y bajos, luces y claros, suspicacias, complicidades y hartadumbres. Era muy artista, Oteiza, demasiado.

Misterio

eduardo_rosales_gallinas_-_ofeliaVi ese cuadro de Rosales esta mañana en El Prado y de inmediato me recordó otro de autor desconocido que guardo en el desván de mi casa. Solo que el mío no es de Rosales, sino que está pintado en los años setenta o comienzos de los ochenta del pasado  siglo, pero los colores, las veladuras,  los golpes de color  del cielo son los mismos, como si mi anónimo pintor –cuya obra acabó en un contenedor de basura de la calle del Desengaño repleto de cuadros–, se hubiera en este inspirado. Le dije a Damián Flores que había que restaurar el mío, pero ahora no estoy tan seguro. Creo que voy a escribir de aquel sorprendente hallazgo del que sospecho que nunca llegaré a saber gran cosa por mucho que me lo ilustrara el pintor Carlos Franco, en una memorable comida que tuvimos con Fermín Mugueta en Alabarderos (Continuará… o no)

Una hora en el Museo del Prado

8a6a75fd-2b66-4997-add8-da5947d8b258Esta mañana estuve visitando al exposición del centenario del Museo del Prado y salí  a escape. Me ha defraudado. No parece que el comisario o curator, o lo que sea, se haya esforzado demasiado. Me esperaba algo más. Sin contar con un imponderable de los museos: la masificación, el tener que hacer cola para poder ver un cuadro, los empujones, el agobio… y eso que El Prado no es de los peores. Ese es el precio que tienes que pagar si quieres ver la mayoría de las exposiciones. No tiene solución. Es una lotería. Me he quedado con esa cabeza sumeria, donada por el mexicano Marius de Zayas, cuya historia personal merece el viaje, y con el retrato de otro mexicano, Ramón de Errazu, por Raimundo de Madrazo (aquí en un detalle), que antes que De Zayas hizo una importante donación de su pinacoteca al Prado. La donación de De Zayas, hecha desde Francia en plena Ocupación nazi a través del embajador Lequerica, tenía por objeto recabar la protección del gobierno español frente a los nazis.

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Barojiana

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Llevo meses preparando una segunda edición de Pío Baroja a escena, corrigiendo, retirando, añadiendo datos de hemeroteca y de archivos hasta ahora inéditos, releyendo alguna página del propio Baroja, y estoy concluyendo que el asunto no me cansa, me aburre, de manera soberana. Me suena todo a ya sabido, a ya dicho, por muy nuevo que sea el hallazgo, es decir, a perder el tiempo de manera miserable, a una edad en que eso , el tiempo, es lo único que puedes impedir perder del todo. Me queda mucho por escribir, nuevo, y me encuentro encenagado en algo que ya pertenece al pasado. ¿Qué hacer? No lo sé. Tengo la sospecha de que esta nueva edición, más extensa que la primera, va a ser tan ninguneada y silenciada como lo fue la primera y aun así he seguido trabajando en ella. Las cosas como son: no puedes obligarle a nadie a que le guste lo que haces. ¿Interesa tanto Baroja como para leer otra biografía por muy distinta que sea a las ya publicadas? Lo dudo. En este asunto hay más ruido y bambolla que realidades. Iremos viendo, sí, pero ya con pocas ganas de añadir nada nuevo, y con muchas de rematar la faena.

Los archivos son para mí un cepo: sabes cuando entras y no cuando sales. Me ha pasado con Eugenio Noel, un escritor tan olvidado que no lo conocen ni de nombre lectores avezados del día. Un raro. Nuestra época pide otra cosa, tú mismo lo haces.

La ilustración es un cuadro de Carlos García-Alix que evoca al Baroja del exilio en el Colegio de España de París.