«La navaja de escribir»

1405955793_902633_1405956563_noticia_grande«La navaja de escribir…» Algo así me dijo Rafael Chirbes la primera vez que hablamos: hay clases sociales (y no solo en Madrid) en las que solo se puede entrar a punta de navaja. La navaja, ni siquiera el bisturí, eso lo dice todo.

Ramón, «psicólogo de las cosas» que vivía cerca «del manicomio de los libros viejos», en un escenario abigarrado, no muy higiénico, en opinión de reyes, mezcla de todo lo habido y por haber, de lo muerto y dejado de lado, de lo recogido en el arroyo del Rastro y de lo llegado de muy lejos: las casas de los muertos, los carros de los traperos…

«Ramón: Hijo de tu pueblo, golfo intelectual de la villa y corte: bajo la gorra sospechosa de tu ironía, te veo escabullirte, saltando sobre el “Carolus” de la calle empedrada, con la navaja de escribir en la mano. Solo tú sabes por dónde se está desangrando, gota a gota, el corazón de Madrid».

Alfonso Reyes, enero de 1918, casi en la época en que lo retrata Diego Rivera en compañía de sus libros mayores.

RamónGómezdelaSerna

La Ida

el-mundo

Trop c’est trop, de acuerdo, pero demasiado es algo más que demasiado… algo más que un tornillo de menos.
¿Es Madrid el despiporre? Si no lo es, al menos lo parece gobernado por este grotesco personaje.
A las estupideces, faltas de elemental cordura y boca de pésima intención de la IDA, le siguen sus  actuaciones grotescas propias de una barraca de feria.  Indecencia intelectual la suya, ética dudosa… hay dónde escoger. Lo que sus mamporreros están vendiendo es una Mater Dolorosa que sufre por sus gobernados, algo de un canallesco que tumba, pero… eso es lo malo, el pero… 6.782 fallecidos en residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid por ella presidida, de los que 5.688 lo han sido por coronavirus. ¿Cada semana cierra un negocio? ¿No será cada pocos minutos? ¿A qué cifra asciende el número de parados de la Comunidad de Madrid? ¿Y la de personas sin hogar ni otra asistencia que las colas de la caridad?
El posado es de vergüenza ajena, pero tan repetidas las actuaciones de esta orate que se hacen tendencia. Parece mentira que un personaje de esta catadura sea titular de tareas políticas, pero no creo que sea mera casualidad. Está claro que a sus majaderías y muestras de poco seso, quienes la sostienen y manejan, le sacan réditos políticos: que esté en el candelabro es mejor que esté en el tiro al mono con pelotas de cifras, patrañas e indecencias políticas imperdonables.

Madrid, ciudad de paso (Diario volátil)

P1150395

Madrid, en otoño, una luz, el borboteo del agua en el paseo del Prado, recién bajado del tren y el encuentro cálido con los tuyos y con un buen amigo que te lazarea por su mundo y sus escenarios de infanica y juventud, los compartimos, no son intercambiables. Los suyos fueron de vida, dura, los míos de puro paso. Melancolía… en escabeche, como aquella de la que se pitorreaba en padre Isla en sus Cartas de Juan de la Encina.

P1150398

Ventura de la Vega, el Hiloguy y el Luarqués, Carmen Martín Gaite, actores de teatro, Ganbela y su apetito inextinguible, G-Flai y su gorroneo bravo, insultante, pintores fallecidos… la redecoración ha acabado con todo… Ah, y Cafrune, Cafrune, se me olvidaba, invitado a la farra, el tiempo que va pasando, como la vida, etcétera, sí, pero te va matando, nos ha arrollado a todos: el carro del heno era un pulguero en dirección a un chirrión, a un muladar de Regoyos después de la corrida. Y sobre la ruina, el trato amistoso de quien con generosidad te da una mano.

P1150404Digamos que es en Alimentación Quiroga, esquina Huertas con Echegaray, donde el narrador de Cornejas de Bucarest compraba as latas de mejillones en escabeche que acostumbraba a comerse metido en la bañera mientras se relamía de la husma bibliofílica del día. Lo tenía muy fácil. Vivía enfrente, en el 22, piso segundo, piso galdosiano, de censantes, honrado comercio de la plaza, etcétera. Aquel mil hombres que no sabía qué hacer con su vida, no tenía ni idea de hacía donde se dirigía su viaje.

P1150409

No todo en Madrid es imagen del descalabro nacional ni mucho menos y eso que los taberneros castizos todavía se preguntan por el qué van a decir los turistas de la basura que asoma en las esquinas. Pues qué van a decir los turistas. Lo que ya saben, lo que vienen leyendo en los periódicos: que han llegado a un país de mierda gobernado por maleantes, en el que a la conquista económica y al saqueo a pedo de burra se le llama inversión extranjera; a un sólido mundo para ricos y solo para ellos se le llama emprendimiento y en el que la clase más pudiente no vuelve al lugar en donde estaba porque nunca se había ido: revolución de las tapas, mientras los que deberían armarla porque las tapas, esas tapas, no van a ir con ellos jamás,  son apaleados, sometidos por el miedo y como mucho queman unos contenedores… demagogia, bonita.

 

P1150418

Madrid, ciudad de paso, ciudad del pasado, ciudad de lo que fue, lo que pudo haber sido y no lo va a ser jamás, escenarios deteriorados, los tuyos, pimpantes los ajenos. Tienes la seguridad de que hagas lo que hagas no vas a tener un sitio: estar de paso. ¿Y qué importancia tiene esto? Ninguna dice la zorra al pie de la parra. ¿Para qué quieres un sitio en la piscina de las murenas? Al caer el día el poeta Hernández, acicalado, se dirige, calle de Serrano adelante, al copetín del día en el Círculo de Bellas Artes. ¿Habrías ido? ¿No? ¿Entonces a qué señalas?

Madrid, una luz amarilla de tarde, corriendo por las azoteas y los altos de las fachadas: la tuya, en esta ciudad, es un historia muerta y enterrada. Hay otra, ya otoñal, melancólica, de mucho lamerse las heridas y de reír en ese carro en el que dicen que nadie ríe, mezcla del heno y del cadalso.