Señales de humo

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Señales de humo… propias y ajenas, que se confunden con los días nublados y con la niebla cerrada, o que atufan, a ti o al prójimo, dependiendo  de cómo sople el viento. Así veo la publicación de notas en las redes sociales. A las mías me refiero.
En los mentideros se comparte en realidad poca cosa, el barullo del noticiero que se renueva y hace caduco al momento, la opinión cuntendete que no pasa del exabrupto liberador, el rumor, el infundio, la majeza del pico de oro, lo que todos sabemos de antemano, las consignas de la trinchera, sus dogmas y doctrinas… lo verdaderamente literario, que hay que leer por encima de las diez líneas, interesa poco. Lo puedes pintra como te convenga pero son una trampa en la que estamos tan a gusto, tal vez porque no tenemos otra cosa y evitamos de ese modo reflexionar sobre nuestra indigencia.
A quién le importa dónde y cómo vivo, lo que veo o dejo de ver desde mi ventana, convertido en materia de exhibición, todo lo que hasta ayer mismo era privado, compartible solo con aquellos con los que convivo, señalado apenas con un gesto de la mano y en silencio, como sugiere Paul Valéry en una  anotación de su diario; a quién mi hartadumbre de un tiempo que veo de mugre y del que intento salvarme como puedo recurriendo a luces, a  momentos y a horas de escritura y de lectura que cada vez me son más necesarias y me faltan. Llevo semanas echando cuentas de los trabajos pendientes y del tiempo que necesito para concluirlos, y pienso en el tiempo que gasto y mato en las redes sociales, y en de qué manera nuestra vida gira en torno a ellas, como si nuestra existencia dependiera de figurar en ellas y solo de eso. Y aquí sigo… un misterio.

Enredado

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La nasa es un antiguo arte de pesca, una trampa en la que es fácil caer, gracias al cebo, y de la que es casi imposible escapar. Me viene bien para apuntar unas reflexiones sobre mi uso de las redes sociales.

Convengamos que entre sus beneficios (cebos) está el enterarte de lo que de otro modo no te enterarías, el hacer amigos y relaciones, el encontrar lectores, el dejarte ver, el asomarte lo quieras o no a la vida de los otros… un poco de todo eso y algo más. Incluso es posible admitir que sin ellas tienes poca existencia porque la más física se ha adelgazado mucho.

Lo cierto es que las redes se llevan un tiempo que me es precioso, que enganchan y acaban dominándote. Hablo por mí, en las experiencias ajenas no me meto. No eres tú quien maneja la red, sino la pieza cobrada sin otro arte que el haberte dejado atrapar por señuelos varios, y el tiempo vuela.

Es cierto que gracias a la redes sociales he conocido gente que de otro modo no hubiese conocido, que he podido cultivar el trato o la franca amistad con algunas personas, que tengo un puñado de lectores, pero pienso que todo mi tiempo libre, y el que no lo es también, se va en la Red asomado a esta ventana, viendo qué pasa y qué se dice en el mentidero, y noto que el tiempo lo único que dispongo ahora, se esfuma.

Antes tenía tiempo para hacer cosas, a actividades manuales me refiero por ejemplo, ahora tengo la impresión de fabricar humo, de agitar las aguas siempre revueltas, el barro o el cieno de fondo con un objeto que me escapa como no sea el de hacer ruido y gritar «¡Eh, que estoy aquí!», sin más.

Antes escribía libros siguiendo un proyecto que requería atención e intensidad. Ahora escribo tuits, post, fragmentitos de no sé qué que llamo «diario volátil» por llamarlo de alguna manera… pompas de jabón, aerolitos que se pierden en la niebla de la Red.

Antes leía mucho más de lo que leo ahora, a libros me refiero, antes, antes… hubo un antes, de eso estoy seguro, como lo estoy de haber perdido capacidad de concentración y otras capacidades que me son necesarias, hasta muchas ganas he perdido.

¿Es culpa de las red o mía? Mía sin duda, en eso pocas trampas caben. Me engaño diciendo que los tiempos han cambiado y que la presencia del escritor es otra, pero no sé si de verdad los tiempos han cambiado y con ellos los lectores, la lectura, la escritura misma que se ha hecho urgente, abreviada, efímera, sin voluntad de permanencia, o si lo que ha sucedido es que en estos últimos cuatro años he envejecido asomado a la ventana, y aquí sigo, en la nasa, enredado y desconcertado.

Redes sociales (Diario volátil 14)

800px-Hans_Weiditz091.- Si para abrir la boca tienes que mirar antes a derecha e izquierda, es mejor tenerla cerrada… al menos un rato.

2.- Redes sociales y hoja parroquial: a cada cual la suya. Con las tabernas y el cuadrilleo a ellas adherido pasa lo mismo.

3.- Escritura humanista, de cerca o de lejos: dar el pelotazo y que te aplaudan, lo demás, fantasías, engaños de predicador (Insolencias).

4.- Encuentro de viejas amistades: mirarse de arriba abajo y decirse «estamos viejos», y de seguido reírse sin saber de qué, sin querer saberlo, antes de escapar cada cual por su lado.

5.- Corren tiempos eclesiales de venid y vamos todos, y de cantar a capella sin desentonar lo que mande el amo de ocasión o tenga por himno de devoción la koadrilla.

6.- Incendiar o no las redes. Es fácil. Están pidiendo fuego.

7.- Mejor no olvidar que los furiosos cohetes de hoy son las cañas chamuscadas de mañana.

8.- ¿Elogio de la perplejidad? Ni se te ocurra, con este vendaval que sopla en el escenario mediático, un perplejo es un enemigo… a abatir.

9.- Unos meses fuera de las redes y regresas como un Rip van Winkle a contrapelo: no reconoces nada.

10.- ¿Rip van Winkle… y ese quién es? Nadie, uno, qué importa, ya no importa, ya no interesa, las referencias librescas están de sobra.

11.- Paso un rato por Facebook, me doy una vuelta por Twitter y me quedo admirado de lo muy informados que estamos de todo, no hay estímulo ante el que no reaccionemos, respuestas como disparos: el perro de Pávlov, mi semejante, mi hermano…

12.- Con el tiempo se te caen las opiniones… como el pelo, los dientes, el lápiz… igual.