Sueños de despierto

Cadavedo, Asturias, un horizonte para el último tranco, encuevamiento y vagabundeo. En el encierro del confinamiento no es fácil estar a lo que se celebra, si es que todavía tienes algo que celebrar entre manos, y tiendes a soñar con los ojos abiertos hasta la extenuación –agotadores sueños de despierto, escribía Paul Morand en algún lado– , como el preso que soñara que horada un túnel que le va a llevar lejos y sobre todo fuera.

El tiempo de los alabos

P70“Entre los españoles, lo digo sin sonrojo, prefiero a mis paisanos Unamuno, Otero, Ibernia y a los dos Sánchez (Mazas y Ostiz).”… ¡Atiza! Esa sí que es buena y la tenía olvidada, pero está en la revista Calle Mayor, de Logroño, la que hicieron De la Iglesia, es decir el poeta Ibernia, y Martínez Galilea, y otros, en los eitis, los gloriosos eitis, tiempos, aquellos… No es ese el único poema dedicado, luego las dedicatorias desaparecieron, paf, y con ellas cualquier atisbo de benevolencia, y dejasteis de ser “paisanos”, y apareció en escena la mala entraña. Cada cual tomó el camino que mejor le convino o supo o pudo.
Lo dice Michel Deon, en el prólogo a la correspondencia de Paul Morand y Jacques Chardonne: “La amistad entre los literatos esconde insondables misterios. No progresa más que sobre arenas movedizas.– Olvidar y acordarse solamente de los momentos de gloria est el onceavo mandamiento en el planeta de las Letras”.