Rip van Winkle en Biargieta

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Inefable el «revenant» que a su regreso de entre los vivos no reconoce a los muertos y se queda asombrado del hallazgo, desorientado… Lo mismo por lo que se refiere a quien encarna el papel de Rip Van Winkle en la mala comedia que no le queda más remedio que representar y que regresa al barrio de sus andanzas y no reconoce a nadie de los entonces, de los de aquel tiempo vivido en falso por desidia vinosa  y al que menos al que ha dejado atrás en la memoria de sus convecinos.

Luna de diciembre

dsc_0051La he ido viendo subir por el cabo de la calle, a media tarde digamos.
Ni sé la de veces que me habré preguntado: “¿Qué hago yo aquí?”
No hace falta ir muy lejos para hacérsela,
En el teatro portátil de los soliloquios
E ignorar la respuesta porque te la sabes.
En las conversaciones conviviales se hablaba de los vivos
Hoy lo hacemos de los muertos, desdibujados en la distancia
Como si fueran personajes imaginarios, como tu mismo para ti mismo
cuando te da por disfrazarte de Rip van Winkle y regresar
a donde no debes, y lo sabes…
¿Y la luna?  Fue Calígula quien la quería poseer
y mí me va a dar la noche.

 

Vuelta de Aizkolegi (y merodeo de Bertiz)

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Hoy tocó subir a Plazazelai para entrar en Bertiz y subir a Aizkolegi. El día ha sido oscuro, de mucho ventarrón del sur.  Nada más llegar al portillo han empezado los disparos nutridos de los cazadores en sus puestos a la pasa –”Bah, nada, malvices…”, me ha dicho luego uno que conozco– que nos han acompañado casi hasta arriba y un ventarrón que zarandeaba las copas de los árboles, un ruido amenazador que para media mañana a amainado.  El bosque estaba como para hacerse duende, al menos durante un rato, no más, no vaya a pasarte lo que a Rip Van Winkle… y a tu regreso no puedas reconocer a nadie porque has cambiado mucho y porque no quieres (el cuento a contrapelo). Suelo mirar detrás de los árboles a ver si está por ahí Arthur Rackham con sus lápices y cuadernos, pero no, hoy tampoco lo he visto y eso que sigo su pista desde niño.

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Arriba, el palacete chinesco (dicen) de Ciga está cada vez más ruinoso. Cualquier día se vendrá abajo… aunque su historia real se fuera ya hace mucho a ese pozo del que no sale eco alguno: La quinta del americano (1987), una novela medio fallida. ¿Y el famoso Bugatti que se pudría entre alerces, hayas y viejos robles? ¿Y la biblioteca… y los cuadros?  Parece mentira que alguien tuviera que desprenderse de esa finca colosal para pagar una guerra, la Tercera Carlista. Luego la arrendaron golpistas del 36 (silencio)… luego vino Ciga con sus millones y se dedicó a materializar fantasías de ese paraíso terrestre que nos gustaría a todos, luego el parque, de atracciones… Entre los árboles, hacía el norte, se veían los montes de la muga,  las ventas Ibardin, la línea confusa del mar detrás. El otoño a buen paso y el tiempo detrás royéndote los zancajos.

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Vuelta de Arakan

12219431_312893092167952_803737741408826090_nUna buena caminata. ¿Emboscarse… no hacerlo? ¿Leer a María Zambrano en sus claros del bosque para comprobar que su bosque es otro y sus claros lo mismo?
A qué preguntárselo además si llevas años por los arrabales, en el peor de los bosques posibles, y si harías mejor en admitir que te acomodas mal a casi todo, inadaptado, esa es la palabra que desde hace años se te escapa. [Hablaba con el amigo Basurde antes de que un novelista me lo matara de mala manera] Hace años, un día de niebla y nieve, me perdí por esos parajes. No diré que lo pasé bien. Hoy pasó un cazador, a la becada, con sus perros.
Nevermore, mala seta, no la comas. Acuérdate del bebedizo de Rip Van Winkle. [Diario volátil, 8.11.15]