Apocalipsis, aquí y ahora

wandererAl embajador ruso en Ankara lo asesinan por la espalda mientras se dirigía al público de una galería de arte en las que se exponían fotografías. Una muerte en directo que ya ha hecho correr la tinta, encendido con fuegos de artificio las dichosas redes, provocado sesudas interpretaciones académicas, incluso filosóficas, que no explican nada, pero hacen ruido y sobre todo sosiegan. El victimario ha apelado a que se recuerde lo sucedido en Alepo y señala con su dedo al cielo, y el dedo es objeto de interpretación: un solo Dios, Alá, yihadista… ¿Justiciero? No, terrorista. Los cauces para hacerse oír o conseguir justicia son otros, como todos sabemos. El terrorismo solo puede ser de Estado, solo pueden practicarlo aquellos a los que no se les puede pedir cuentas, los que no pueden perder guerras ni abiertas, ni encubiertas, ni mucho menos salir perjudicados de su práctica violenta de la geopolítica. ¿Demagógico, conspiranoico? Mucho, no lo niego, pero la capacidad de digerir ruedas de molino tiene un límite. No sé nada de lo que hay detrás de las grandes noticias que a diario nos abruman.

Es imposible saber con certeza si ha habido oficiales de la OTAN dirigiendo a los yihadistas en Alepo y cuál es con exactitud la participación de países occidentales en los bandos en lucha, de manera directa, suministrando armas y combatientes, o de manera menos directa y más opaca, urdiendo tramas a distancia. ¿Novelería de nuevo? Cierto, mucha, pero algo que resulta inquietante: no se pueden poner en duda las versiones oficiales de los hechos ni lo que podríamos ya llamar la “doctrina de civilización” imperante, y se dan por buenas sin pestañear todas las decisiones oficiales. ¿Soldados a Irak? Sí, más… para defender nuestros valores y para que de paso el negocio colosal del armamento no se detenga. (Sigue, artículo publicado en Cuarto Poder, 21.12.2016, aquí enlazado)

*** La ilustración es The Wanderer, de George Grosz.

Fiesta nacional

plaza-de-las-ventas-1907 Cuando oigo hablar de la fiesta nacional me acuerdo de inmediato de la canción de Georges Brassens La mala reputación, esa de la que blasonan, como guapetones, sobre todo los que la tienen buena. Y es que la mala reputación viste más, en estas tablas de exhibición permanente sin las que ya no se concibe la vida. Si la tienes que pagar es otra cosa, porque sale cara.

Y no solo eso, sino que lo común es que, además de disfrutar de mala reputación, en cuanto nos dan ocasión pregonamos que seguimos caminos a contrapelo, en la famosa dirección contraria de Thomas Bernhard (otro patriota), tal vez para no reconocer que en realidad vivimos más sometidos que otra cosa, en libertad condicional y vigilada, y que en lugar de hablar con verdadera voz propia, coreamos consignas de una u otra trinchera, algo que nadie admite porque la imagen se estropea mucho. (Sigue en artículo publicado en Cuarto Poder, hoy 12.10.2016)

 

Don Quijote y Sancho, según Michel Onfray.

le-reel-na-pas-eu-lieuMichel Onfray, ese filósofo que sabe contagiar el entusiasmo por el vivir la vida por uno mismo, ahora en un ensayo muy sugerente sobre El Quijote y Miguel de Cervantes, Lo real no ha tenido lugar, que explora de manera apasionada a Don Quijote como el mejor modelo literario del «denegador», aquel que se empecina en no admitir lo real, en sí mismo y en lo que vive de manera compartida, y lo sustituye por una ficción de conveniencia, exculpatoria en último término: la verdad hace daño. Onfray que, al examinar los múltiples y en apariencia contradictorios datos biográficos de Cervantes, acaba señalando si el escritor no habría sido todo, de manera sucesiva o simultanea, un coro de voces interiores, más que un solista, como la gran mayoría, mucho menos hombres de una pieza de lo que se pretende imponer como modelo de personalidad: una mezcla de luces y sombras… solares y lunares, melancólicos, expansivos, complejos, apasionados, fríos, vivos o muertos vivos, a ratos, todo a ratos y más a merced de la escorredura de lo que se admite… Y desde esa polifonía escribió Cervantes.

No me resisto a traducir a mi manera un fragmento del libro de Onfray:

«Don Quijote es el santo patrono de los enfermos y de los locos, de los sicópatas y de los doctrinarios, de los neuróticos y de los exaltados, de los creyentes y de los místicos, de los ideólogos y de los dictadores, de los monomaníacos y de los obsesivos, de la mayoría de los intelectuales y de muchos filósofos, de los esquizofrénicos y de los doctrinarios, de los sectarios y de los locos de Dios; Sancho Panza, es el de los escépticos y de los empíricos, de los pragmáticos y de los utilitaristas, de los campesinos y de los marinos, de los realistas y de los incrédulos, de los labradores y de los jardineros, de los rabelesianos y de los hedonistas. El primero es el patrón de los astrólogos, el segundo el de los astrónomos. El uno cree que los conejos* son princesas, el otro sabe que se pueden hacer civets con esas princesas… Se me habrá entendido: tengo simpatía compasiva por Don Quijote, pero una gran afección por Sancho…»

* A propósito del episodio de la liebre que perseguida busca refugio entre las patas del asno de Sancho Panza, capítulo LXXIII:

Queríale responder Sancho, cuando se lo estorbó ver que por aquella campaña venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual, temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote, el cual estaba diciendo:
—¡Malum signum! ¡Malum signum! Liebre huye, galgos la siguen: ¡Dulcinea no parece!—Estraño es vuesa merced —dijo Sancho—. Presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora; ella huye, yo la cojo y la pongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus brazos y la regala: ¿qué mala señal es esta, ni qué mal agüero se puede tomar de aquí?

Item más: “Hace falta tiempo para comprender que ciertos libros fomentan la obediencia mientras que otros invitan a la insumisión”. Entrevista con Michel Onfray a propósito de Le réel n’a pas eu lieu

 

Limónov y los extranjeros

Captura de pantalla 2016-05-03 a las 06.37.53Eduard Limónov más allá del personaje novelesco puesto en pie con éxito por Emmanuel Carrère, más allá incluso de obras como Historia de un servidor, Historia de un granuja o Soy Yo, Édichka donde expone de manera contundente su idea de que a los pueblos no les corresponde el derecho a separarse, que su futuro es la mezcla total, antinacionalista y nacionalista radical a la vez, entre otras ideas poco digeribles ahora mismo, pero que en varios países de Europa, y con mayor o menor virulencia, cuentan con un público devoto xenófobo, racista, islamófobo y antisemita que se expresa en las urnas y trae detrás algo más que el fantasma del autoritarismo represivo y la fortaleza del Estado en detrimento de libertades y derechos individuales… No hablaba Limónov de fantasías literarias de los felices 80 y no es el único que, apocalíptico sin duda, molesto profeta visionario, certifica el fin de la vieja Europa. The Tempest 1941 1bcEn otro sentido también habla de esa defunción Michel Onfray, en su reciente Penser l’Islam. Lo que como enormidades se publica ahora, es solo una muestra de los muchos explosivos que guarda el polvorín. Veo al carro del Bosco asomar por el fondo del cuadro o casi peor aún el cortejo de exliados de Feliz Nussbaum.No hace falta ser adivinador de un porvenir que ya está aquí.

Mordaza a la disidencia

Michel Onfray, Ignacio Ramonet, Beatriz Talegón expulsada de manera abusiva de un plató de televisión. Voces disidentes, en mayor o menor grado, del discurso oficial que hay que tratar con la misma consideración que si fuera verdad revelada, sura coránica o artículo de fe. No corren buenos tiempos para la disidencia ni para la duda o la expresión de la perplejidad y del escepticismo del que nada se sabe. No importa la dirección, solo la disidencia, el no comulgar con la rueda de molino de lo correcto que los medios de comunicación y las redes sociales imponen.

Esa del correr de los buenos tiempos es una frase hecha. En realidad hace mucho que no lo hacen y van a ir a peor. Así las voces que te advierten de que hay que andarse con cuidado, mirar bien lo que se escribe y dónde, no desentonar, no incordiar a los nuevos amos del cotarro, que los hay, y buscan que aplaudas o calles. No hay que apartarse del común sentir. No hace falta leer a Žižek en su reciente Islam y modernidad, escrito y publicado antes de los atentados de París, para reparar en el generalizado entreguismo social a quienes dicen representar la seguridad y el orden, y encarnan en realidad lo policiaco y la violencia gubernamental, un estado de cosas que solo va a beneficiar, a corto y a largo plazo, a quienes nos someten. En otra dirección conviene no apartarse demasiado de los paladines e inquisidores de la libertad de expresión y del recto pensamiento de la izquierda virtuosa, vigilante, combativa, beata de sí misma, que tampoco admite mucha disidencia en sus filas, por no decir ninguna.

Una “españolada” de Michel Onfray

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Está visto que no hay mito ni devoción que cien años dure y que tarde o temprano llega la decepción y la sospecha. Leo estos días Le magnétisme des solstices, Le journal hédoniste V, de Michel Onfray –un falso diario porque como los anteriores se trata de una recopilación de artículos o textos de ocasión– y tras leer algunos textos brillantes, como por ejemplo «Appel à de nouveaux Diogène», basado en la vida y obra de D’Alembert, en el que no hace un elogio de la pobreza radical, al revés, solo en el caso en el que la riqueza limite la libertad, pero sí  fustiga a «la mayoría de los intelectuales –de ayer y de hoy– (que) desean exactamente lo contrario: servilismo de arrodillados delante de los poderosos, mentiras generalizadas para obtener sus fines, fascinación por la opulencia de los ricos bárbaros posmodernos» (p.156), me encuentro con una españolada en elogio de Savater, dirigida la público francés, que suena a hazañas de Pimpinela Escarlata y a devoción vinosa de amigo, pues no creo que jamás hubiese salido Savater por la venta de su hotel para burlar a sus guardaespaldas que montan guardia en el pasillo para irse a cenar con Onfray al restaurante Zalacaín a todo lujo. Onfray habla de un Savater víctima de la amenaza de ETA, pero silencia otro Savater que nada tiene que ver con lo que el propio Onfray escribe desde hace años. Lástima, por lo dos lo digo. [Con las cartas marcadas]