La tinta simpática de Patrick Modiano

73079636_145005550146161_5200824388907171840_nLe Modiano nouveau est arrivé!

Eso escribía creo que Bernard Frank o si no, Paul Morand (en sus diarios). Tiene como epígrafe una cita de Maurice Blanchot, de Le livre à venir, que ilustra bien lo que es la escritura de la memoria:

«Quien quiera acordarse debe confiarse al olvido, a ese riesgo que es el olvido absoluto y a ese hermoso azar en que se convierte entonces el recuerdo»

Al terminarlo, he tenido la impresión de haberlo leído ya, pero no una vez, sino varias. Tentado estoy de decir que Encre Sympathique es una nadería crepuscular. Pesquisa hay, claro, y agendas, anuarios, nombres azarosos (porque del azar novelesco provienen), teléfonos que suenan en le vacío, garajes…  Mentiría si dijera que me esperaba algo más o diferente. Sus reflexiones sobre las lagunas de nuestra memoria, sus eclipses, a la hora de recordar lo vivido lejano me parecen insuficientes. He tomado algunas notas para otra guerra, pero al final me ha aburrido de manera soberana, y no ya por lo forzado «del final» del relato de esta historia inverosímil, de manual más que previsible.  Claro que cuando salga su próxima obra picaré de nuevo a riesgo de decepción y de leer más de lo mismo. Su editor en España puede estar contento: más flú al mercado y aplausos asegurados de los incondicionales. La crítica puede esperar.

 

Pierre Le Tan (Habla memoria)

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Esta madrugada me enteré del fallecimiento del pintor,  dibujante, escritor y publicista Pierre Le Tan. Nacido en Neully, fallecido en París. Éramos coetáneos. Lo creía o lo recordaba mayor. Me pasa mucho, tal vez porque no miro bien en el espejo ni en los ojos de mis quintos, o porque voy olvidando y confundiendo lo vivido de manera lamentable.

22900786256_2Creía que había descubierto a Le Tan de la mano de Patrick Mauriès, un editor al que tuve devoción literaria, pero no, fue a través de la edición de Memory Lane, de Modiano, editado por P.O.L, en 1981, a la que siguió Poupée blonde, en 1983, título que, por cierto, funcionó entre modianescos españoles de los ochenta y noventa como apodo de una crítica literaria desvergonzada que se las daba de Louise de Vilmorin.

Hablé de Le Tan en alguno de mis dietarios o artículos literarios de aquella época. Luego vinieron, que recuerde, Les contraires, pero sobre todo Rencontres d’une vie : 1945-1984 (1986), Paris de ma jeunesse (1988), con prólogo de Patrick Modiano, Vies oubliées, con texto de Patrick Mauriès, también en 1988. Mauriés y Pierre Le Tan: la cubierta de Choses anglaises (1988) y alguna edición más en Le Promeneur.

61BD3jCDe3LPocas veces he visto un ilustrador que entrara de tal modo en la obra de un escritor (Modiano y también Mauriès) como si estos escribieran para dar pie a las invenciones de Le Tan y no al revés. Complicidad y proximidad de mundos ficticios y reales: la gente (guapa y turbia a veces) y las cosas, los decorados elegantes, las vidas novelescas, las sombras, los fantasmas, los coleccionistas y sus colecciones. Algo de todo eso hay en La caja china y en La gran ilusión.

Otro mundo. Los felices ochenta, muy modianescos en sus comienzos (y finales de los setenta) y muy oscuros para mí en sus años finales, los de Las pirañas. Esos fueron los años de la gente que contó en mi vida y con la que compartí entusiasmos literarios, confidencias e historias personales y que ha desaparecido en el chirrión de la malandanza, sin retorno posible.

Y luego silencio. Aun insistí con su Carnet Tangerois, como he insistido, en medio de mi propia cacharrería, con Patrick Mauriès y su extensa obra, pero ya nada era ni fue como antes, nada, ni los entusiasmos, ni las amistades, ni las devociones y geografías literarias. Recordar para recordar. No es a Le Tan a quien recuerdo en su levedad y sabiduría para captar ambientes de decadencia o marginales. Le Tan y los fracasos enmascarados y sus protagonistas ocultos, desaparecidos, sería un buen título y un buen asunto para un artículo.

le-tan3A partir de 1990 estuve a otras. El misterio donde no lo hay, lo brumoso que enmascara lo canalla –mucho me temo que quien aplaude esos coches en la noche hubiese aplaudido o justificado los llamados «coches de la muerte», pero no en la Francia de la Ocupación, tan lejana, sino aquí mismo, cuando y donde la gente veía esos faros nocturnos con terror–, lo frívolo como norte estético, lo novelesco que solo es valioso por así llamarlo… todo esto se fue quedando de verdad atrás o eso pensaba, hasta que reconozco que estéticas como la de Le Tan son piezas irrenunciables de mi propio rompecabezas.

 

https://www.vanityfair.fr/culture/voir-lire/story/pierre-le-tan-sest-eteint/10369

El Chistera

¿Cómo surge una novela? Caminando por una calle desierta de Biarritz otoñal y después de rumiar durante días, Souvenirs dormants, la última novela de Modiano: los peligros ciertos de los que has escapado, situaciones en las que te viste involucrado o en las que te metiste de manera imprudente como testigo o convidado de piedra, y de las que saliste de milagro. Hace muchos años ya. 1969, allá queda. La mayoría de los protagonistas están muertos, pero a ti  te quedan muchas incógnitas que no vas a resolver nunca, escribas lo que escribas, el «espesor del misterio» le llaman a eso: andanzas de chivatos de la policía, espadistas, camellos, infiltrados, luego desaparecidos para siempre, cadáveres con las manos cortadas, robos, el asalto a una cárcel, desfalcos bancarios, huidas a América, librerías situacionistas, brasseries parisinas por las que pasa la sombra de  Pierre Goldman,  clínicas de abortos clandestinos, contrabandistas, bares de trueno (interlopes) a un lado y a otro de la frontera, bombas… no es un thriller, ni un roman neo noir, es poca cosa para lo que otros pueden imaginar o contar, de lo vivido en su caso. Eh, Richard, la dérnière pour la route? Modiano balbucea y tú te asombras de poner por escrito lo que acabas de poner. Años de olvido y de pronto, a la vista de un bar, de un local comercial, espoleado por unas páginas leídas, regresa el recuerdo de los muertos, de los esfumados, de todo eso que está gazapado entre lo vivido y lo imaginado.

«Le Modiano nouveau est arrivé…» (Souvenirs dormants)

«A medida que pasan los años, acabáis sin duda por desembarazaros de todos los lastres que arrastrais y de todos los remordimientos»… No estoy tan seguro y tampoco de que la escritura ayude mucho en esa tarea, al revés, es posible que sea su principal acicate, a riesgo de queda siempre en grado de tentativa.

Ahora no recuerdo con precisión si fue el crítico Bernard Frank (un incondicional de Modiano por otra parte) quien hablaba de que cada nuevo Modiano era el mismo Modiano.  No es la primera vez que Modiano recurre a esos «recuerdos durmientes» que un día, como jirones de un sueño inquietante regresan a la superficie e invitan a darles sentido. Poco de nuevo entonces, como de costumbre, en Souvenirs dormants y sin embargo algo te lleva a no abandonar el  caminar sonámbulo del autor en una niebla de recuerdos, menos espesa de lo que se presenta, hasta la última página, tal vez  porque esos recuerdos durmientes que afloran, al hilo de un encuentro callejero o del hallazgo de una anotación en un papel olvidado, pueden ser los tuyos: gentes que Modiano conoció en su juventud desarbolada y que pudieron destruirle de no haber conseguido escapar. La necesidad de escapar de las relaciones de ocasión sería el hilo conductor de esta deriva:  cómo salvarse de los encuentros azarosos que pueden acabar contigo. Gente que conociste en el pasado y que llevaba la ruina o la muerte consigo, la de la historia de Modiano y la de la tuya. Basta haber rozado la desarboladura existencial para saberlo.