El Chistera

¿Cómo surge una novela? Caminando por una calle desierta de Biarritz otoñal y después de rumiar durante días, Souvenirs dormants, la última novela de Modiano: los peligros ciertos de los que has escapado, situaciones en las que te viste involucrado o en las que te metiste de manera imprudente como testigo o convidado de piedra, y de las que saliste de milagro. Hace muchos años ya. 1969, allá queda. La mayoría de los protagonistas están muertos, pero a ti  te quedan muchas incógnitas que no vas a resolver nunca, escribas lo que escribas, el «espesor del misterio» le llaman a eso: andanzas de chivatos de la policía, espadistas, camellos, infiltrados, luego desaparecidos para siempre, cadáveres con las manos cortadas, robos, el asalto a una cárcel, desfalcos bancarios, huidas a América, librerías situacionistas, brasseries parisinas por las que pasa la sombra de  Pierre Goldman,  clínicas de abortos clandestinos, contrabandistas, bares de trueno (interlopes) a un lado y a otro de la frontera, bombas… no es un thriller, ni un roman neo noir, es poca cosa para lo que otros pueden imaginar o contar, de lo vivido en su caso. Eh, Richard, la dérnière pour la route? Modiano balbucea y tú te asombras de poner por escrito lo que acabas de poner. Años de olvido y de pronto, a la vista de un bar, de un local comercial, espoleado por unas páginas leídas, regresa el recuerdo de los muertos, de los esfumados, de todo eso que está gazapado entre lo vivido y lo imaginado.

«Le Modiano nouveau est arrivé…» (Souvenirs dormants)

«A medida que pasan los años, acabáis sin duda por desembarazaros de todos los lastres que arrastrais y de todos los remordimientos»… No estoy tan seguro y tampoco de que la escritura ayude mucho en esa tarea, al revés, es posible que sea su principal acicate, a riesgo de queda siempre en grado de tentativa.

Ahora no recuerdo con precisión si fue el crítico Bernard Frank (un incondicional de Modiano por otra parte) quien hablaba de que cada nuevo Modiano era el mismo Modiano.  No es la primera vez que Modiano recurre a esos «recuerdos durmientes» que un día, como jirones de un sueño inquietante regresan a la superficie e invitan a darles sentido. Poco de nuevo entonces, como de costumbre, en Souvenirs dormants y sin embargo algo te lleva a no abandonar el  caminar sonámbulo del autor en una niebla de recuerdos, menos espesa de lo que se presenta, hasta la última página, tal vez  porque esos recuerdos durmientes que afloran, al hilo de un encuentro callejero o del hallazgo de una anotación en un papel olvidado, pueden ser los tuyos: gentes que Modiano conoció en su juventud desarbolada y que pudieron destruirle de no haber conseguido escapar. La necesidad de escapar de las relaciones de ocasión sería el hilo conductor de esta deriva:  cómo salvarse de los encuentros azarosos que pueden acabar contigo. Gente que conociste en el pasado y que llevaba la ruina o la muerte consigo, la de la historia de Modiano y la de la tuya. Basta haber rozado la desarboladura existencial para saberlo.