Cuaderno de Zamarrenea 3

El de hoy ha sido día de andada, monte arriba sobre todo, disfrutando de las luces cambiantes, del silencio y del baile de algunas ideas que lo mismo no acaban en el papel, porque aunque me parezcan aprovechables, las olvido. Durante varias horas no me he cruzado con nadie. Por el camino he recogido algunas castañas, sanmiguelas, por cumplir, porque de hecho no me arrebatan y acompañadas con vino, menos, pero el rito es el rito y, como digo, cumplo. Castañas, nueces, hongos (asunto este del que lo ignoro todo), manzanas… alegrías del otoño, fantasías.
— ¿Es esto lo más reseñable de tu día?, me pregunta mi sombra.
—Sí, ¿por qué lo preguntas…?
—No, por nada…
Sé a qué se refiere, pero Baztangoiza no es Manhattan y aquí hay lo que hay: montes, prados, helechales, bosques más o menos espesos, vacas, ovejas, pottokas… y algún rincón con historia, como Bozate, un barrio del pueblo en el que vivo, sobre el que escriben con autoridad apabullante macarras rojigualdos de Madrid, de esos que saben más de tu vida que tú mismo. Lo demás es leer, escribir y una vida más retirada que otra cosa… ¿A quién puede interesar esto? Abelardo Linares, de editorial Renacimiento, me decía que los diario nutridos de estas cosas no le interesaban nada.

* ¿A quién le puede interesar un diario en tiempos de exhibición ecuménica de un impudor que mete miedo? Lo ignoro, pero yo también soy mirón de diarios ajenos y exhibicionista en la medida que publico diarios que no sé si son producto de la necesaria conversación con uno mismo o del desahogo montaraz. Los escribo desde hace casi cincuenta años. Entre lo inédito y lo publicado, varios miles de páginas, pero sé que rompí algunas y que no me atreví a escribir, ni supe, de todo lo vivido, así que digamos que me jodo en mis diarios. ¿Esto que aquí publico es un diario? En parte lo es, pero escrito para publicarlo y verlo publicado de inmediato, y eso es una puesta en escena que lo quieras o no está calculada.

* Trouille, canguelo, jindama… se lo leía esta mañana a un amigo (EO), mi interlocutor más asiduo, en el día a día y en el tiempo de la invención, y le comentaba que ayer, hablando con otro amigo y buen poeta, este me dijo que había llegado a un estado en que le da asco escribir. A mí en cambio escribir me alivia de esa jindama, de ese canguelo de la chamusquina vital. Caminar también me alivia, sin duda, pero luego acabo derrotado. ¿Ansiedad, pánico, por el presente, el pasado y el futuro pluscuamperfecto o el que toque? Suelo despertarme en esa amable compañía. Enrique se baja a por el pan cuando está en esas, hayan o no abierto las panaderías, como si la calle fuera un protector tabardo de plumón; yo me pertrecho de café solo y me pongo al tajo. Esa jindama la tengo asociada a la luz de las tardes de otoño e invierno, pero en un lugar muy concreto, en una calle que ya no existe, flanqueada de tapias, la de una estación de tren fuera de uso a un lado y la de un cuartel, el Diego de León, también derribado, al otro: una luz amarilla que aparecía de manera amenazante en sueños, bañando una ciudad de calles solitarias, del todo quietas. Miedo. Stevenson habla de ella.

* Ayer falleció el chileno Patricio Manns, cantante comprometido con la izquierda chilena, mucho (exiliado en Europa durante muchos años), poeta, novelista, de, entre muchas otras, Cavalier seul, una biografía novelesca del rumano Iulius Popper, rey de la Patagonia (vi sus monedas en el museo judío de Bucarest), genocida, etnólogo, y de La vida privada de Émile Dubois, el asesino de Valparaíso, cuya tumba en el cementerio de Playa Ancha es un lugar de peregrinación.
Esta canción suya me gusta mucho.

El baile de las togas

Las noticias bomba se acumulan y para cuando pides que destituyan a la delegada del Gobierno de Madrid a patadas burocráticas en el culo, porque se ha hecho acreedora de eso y más, ya han detenido a Puigdemont, han corrido los bulos de rigor, y ya se alborotan los tendidos cayetanos de la plaza pidiendo la entrada en escena de los puntilleros togados para que descabellen al ex president y se hagan de ese modo acreedores de los trofeos sangrientos de rigor y hasta salgan por la puerta grande de las Salesas.

         Mal lugar ese, imaginario, pero no del todo invisible, entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Va a acabar resultando más inseguro que La Celsa (que ya es historia), o que los aledaños más bravos de la Cañada Real y las narcochabolas fortificadas como búnkeres del pico y el perico. Las lecheras policiales acaban resultando una especie de kundas gratuitas que te llevan a colocarte a golpes de multazos y condenas abusivas, y te colocan, aunque de chunga manera. La ley Mordaza manda.

¿Exagero?  Sin duda, pero el esperpento nacional pide a gritos la exageración, el bureo, el alboroto y contestar a lo que es un despropósito con la carnavalada. Son las armas de los más débiles… nosotros, nos cuenten lo que nos cuenten, que si la ley es igual para todos, que si las urnas, que si la Constitución, que si la Libertad… ná, en manos de esta gente no pasan de ser mandangas.

Madrid es el escenario por donde campan los macarras poligoneros brazo en alto sin recato con la complacencia gubernamental, porque imponer 600 euros de multa a los nazis es complacencia bromista o acoquine manifiesto si se compara con los multazos, palos y cárcel incluso impuestos a manifestantes callejeros de otro signo en reclamación legítima de derechos ciudadanos o en protesta cuando estos se conculcan desde el poder.  Complacencia es justificar con cinismo la no intervención policial contra los delincuentes manifiestos cuando abundan los documentos gráficos de apaleos a menores, mujeres y ancianos sin consecuencia alguna. Macarras, sí, muchos, con o sin tatuajes, con o sin anabolizantes esteroides veterinarios, y no solo en las calles, sino en el Congreso de los Diputados con el insulto, el rebuzno, el desplante de mala taberna, el desprecio como argumentos políticos de peso. Repulsivo escenario ese.

         ¿La prueba de que conviene hacerse invisible para uniformados y togados? La bochornosa vista celebrada la semana pasada contra el diputado canario  Alberto Rodríguez acusado de haberle dado una patada a un policía al que no examino forense alguno y cuyas declaraciones atufan a patraña descarada y a linchamiento político. Está visto que el fiscal no tiene redaños para investigar o poner en duda si los hechos sobre los que basa su acusación abusiva son ciertos, sino que pasa por encima de que no haya pruebas. La inseguridad jurídica es máxima en manos de esta gente. Es mejor no caer en sus redes. Inseguridad jurídica y abuso de autoridad maridan bien en esta taberna de injurias vitales.

         Qué aspectos más distintos tenían el presidente del tribunal acostumbrado a hacer política togada  y el diputado canario que viene de la calle y sus reivindicaciones legítimas. Tal vez se trate de eso: dos mundos por completo irreconciliables, que es algo que pasa cada vez más en este país. Estamos en manos de un sistema judicial de marcada tendencia autoritaria y reaccionaria más incluso que conservadora. Y nos dan prueba de ello de continuo.  El poder judicial se sobresalta y pone de manos si el poder ejecutivo se inmiscuye en sus asuntos, pero el poder judicial se impone donde, como y cuando le viene en gana… es del dominio público, viene a diario en forma de noticias más o menos bomba en casi toda la prensa, tanto en la que apoya la oposición radical al actual gobierno como en la que no. Nuestra vida pública no gira en torno a decisiones audaces para mejorar la vida de nadie que lo necesite con urgencia, sino en torno a sentencias, autos, procesos políticos y al baile imparable de togas, collarones y puntillas.

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, y otros periódicos del Grupo Noticias, el 26-IX-2021

Cuaderno de Zamarrenea 2

* Día de viento sur, haizegoa, que limpia el panorama, matiza los colores y da perfil a las cosas. Día de viento sur y de andar como si no pisaras el suelo que conozco bien. «¡Te deja el pulso como para robar panderetas!», exclamaba el amigo Antton Basurde antes de desaparecer en el primer mostrador de vino que le cogiera al paso. A veces viene a conversar aunque los dos sepamos que está muerto. Privilegios de la invención de la memoria. Cada día que pasa tengo más recuerdos imaginarios. Es una suerte.

Mural de Juan Angel Perotxena y Jabi Landa en el frontón de Arizkun

* ¿Que haríamos bien en estar callados? Sin duda, pero cállate tú primero, Elvira Lindo. Qué manía de dar lecciones y sermonear desde posiciones de privilegio.

* En agosto estuvo pasando unos días en casa un amigo de Madrid que, aparte de quedarse con la idea de que estuvo «al norte» de Navarra, me parece que no se fue con una idea muy concreta de dónde había estado en realidad. Se quedó sorprendido de que no nos hubieran rajado las ruedas del coche, como le habían dicho en medios artísticos madrileños (cayetanos) que sucedía con los que no eran «batasunos», y de que nadie nos tratara a bocaos. El que oyera a la gente hablar en euskera le pareció algo sencillamente asombroso, como de otro mundo… Está claro que no tengo ni idea de en qué lugar vivo mi vida imaginaria. Esa es la conclusión que saco a diario. Su mundo no es el mío, eso está claro, y cada vez menos.

* Hay que escribir el artículo del domingo asomado al muladar nacional, zarrapastroso esperpento de togas, uniformes y macarras poligoneros con mando en plaza o aspiraciones serias a tenerlo. Y así una semana detrás de otra, atrapado.

* No hay día que de una manera o de otra no vuelva a Bolivia –fotografías, correos, libros…–, que no crea que voy a encontrarme con los amigos, que no espere su llamada… Almuerzos, tertulias, callejeo de mercados y callejones. No hay día que no pase por la León de la Barra a por media libra de hojita menuda de Yungas y que no espere calentarme con palabras y humores zumbones de los amigos queridos… Hoy, sábado, iría a la esquina de la Gonzales con la Rodriguez y la Illampu a comprarle a la casera de guardia una generosa ración de lechón asado, con camote, plátano, papa y bien de llajua, y un par de marraquetas, para almorzar al sol en la plaza de San Pedro, frente al penal, y pensar en los amigos que ya no están, Juan Carlos Calderón, los que el golpe de Añez/Murillo esquinó, y los que quedan ya mayores, mis quintos… poetas, pintores o soñadores de lejanías, como el Pablo Cingolani brincando por sus cerros.

* Confín del condenado, de Humberto Quino

Hazme volver a estas alturas
Piedra cerrada en que agonizo y caigo
Como un profeta desfigurado
Ante una lámpara de aceite.
He visto una botella rota en mi sangre
Los avisos de neón y mis deseos de matar
Inútil que llore en una callejuela
Sin luna en que leer
La desdicha que me agobia.
En el alba
Los perros orinan en tus esquinas
Y yo / Adán desnudo
Aúllo
Con mi viejo sombrero
Con mi cuerpo acuchillado
Pelambre de tinta
Nuca del deseo
Yedra y ceniza en la estepa
¡Oh Rocinante!
Tú / Que sobre la inmundicia
Sabes más que los vivos

Del cuaderno de Zamarrenea

* ¡Noticia bomba! ¡Detención de Puigdemont ¡Fiesta nacional! ¡Ya despiertan alborozados los puntilleros! ¡Descabello! pide el público… y se queda una vez más con las ganas. Hasta la próxima.

* Ese país donde Caín viste con toga y puntillas de magistrado, clasista, antipático, autoritario, violento… al que por fortuna veo de lejos, y cada vez más, aunque no pueda zafarme de él del todo porque de él escribo una semana sí y otra también.

* Más otoñal, imposible. Anteayer encendimos fuego y ayer recogí un par de cestos de manzanas de un viejo manzano que ahora hace un año iba a talar porque muy sano no está, pero me alegro de no haberlo hecho. Lo podé como pude y ha dado una generosa cosecha de manzanas, feas, pero ricas, a pesar de las plagas.
Manzanas y D. H. Lawrence en «El barco de la muerte» (Phoenix poemas), en traducción de Mario Satz, y comprado en la Galería Artiza, mayo de 1973, en una ciudad tan desaparecida como yo mismo

Ahora es otoño y los frutos caen
en un largo viaje hacia el olvido
Las manzanas caen como grandes gotas de rocío
magullándose y buscando su propia salida.
Y es tiempo de ir, de despedirse
De nuestro propio yo, y de encontrar una salida
Desde el yo caído.


Y acaba con estos otros:


¡Oh, construye tu barco de la muerte! ¡Oh, constrúyelo
porque vas a necesitarlo.
Porque te aguarda un viaje hace el olvido.

«Lo desconocido y misterioso busca sus prosélitos en el reino de la desesperación, habitado por las almas que en ninguna parte hallan consuelo.» Pérez Galdós, en Misericordia, extraordinaria novela, entre el testimonio del dolor ajeno y la guasa por lo estrafalarios que somos. Miseria, tontería, incultura, busca de termitero voraz y asfixiado… Las Injurias, 1897.

¿Te acuerdas?

El arte de compartir recuerdos imaginarios. Es un viejo truco de borrachín gorrón. Hay que tener amigos imaginarios, protagonistas de lances jugosos, de trago y burdel a ser posible, porque tienes las carcajadas aseguradas. Jugar al tute con la memoria ajena, envidar hasta dónde puede recordar el contrincante, que tal vez esté en el mismo juego del las estocadas memoriosas, del recuento de hazañas bélicas, de anécdotas mil veces contadas, traficadas hasta el delirio, trago va, trago viene, a ser posible, ¿Te acuerdas? Y sí, se acuerdan, aunque no estuvieran, ¿Conoces? Claro, amigo del alma, una noche en Madrid, ya sabes dónde .. ¡Qué memoria tienes, chico! Y dale, y dale, a lo que sucedió o no en otras vidas, aunque el camarero de guardia se las sepa todas. Lo que sea, con tal de no quedarse solo, con tal de que alguien corra con el gasto.

Umbral en días crepusculares

Leo a Umbral en su otoño vital que es el mío, te cuenten lo que te cuenten. No hagas caso, has envejecido. Vas para abajo de cara al invierno. Todavía hay días de oro, de una luz que enciende tu entusiasmo por la vida, pero la verdad asoma, el invierno aguarda con boca de lobo, por muchas cucamonas que hagas para olvidarlo. Leo a Umbral en páginas vitriólicas, de una amargura que no tiene nada de impostado porque es la tuya, aunque no haya dos amarguras iguales, como no hay dos dolores o dos soledades iguales. Se me figura que Umbral escondió detrás de la máscara de un personaje que resultaba odioso, frivolón, descarado, cínico, a un escritor soberbio, que se la jugaba de continuo, en su prosa, con ideas sobre su oficio y sobre casi todo, que destellan entre las líneas de las crónicas del melonar nacional condenado al olvido. Umbral se medía con los grandes y eso se nota. Sus personajes serán hojas muertas, sus palabras y sus ideas sobre la persona y su escorredura vital, no: el tiempo, las falsedades del trato humano, la enfermedad, la muerte… ahí se muestra un escritor de primera, me cuenten lo que me cuenten: «los últimos días o años de nuestra vida se nos vuelven a todos mágicos y luminosos». El diario como novela, la escritura como invención del personaje, el juego de espejos trucados, la farsa…

Cínicos, maleantes…

El festín de los limacos, esos que salen a pasear en tiempos de borrasca. Luis Tosar y la mala baba nacional, el conmigo o contra mí, la cornada del país que en lugar de pensar, embiste. Sus maneras parlamentarias son propias de macarras poligoneros. No hay banquete que no de en muladar. La mala baba de una delegada del Gobierno, de Madrid, a la que no van a destituir ni sacar a patadas que es lo que se merece por sus cínicas palabras acerca de la manifestación neonazi de la semana pasada, cuando abundan los documentos gráficos de cómo en este país es normal apalear niños, mujeres y ancianos que salen a la calle en reclamo de sus derechos. Esa funcionaria o lo que sea representa con eficacia a la mala gente que va a apestando la tierra. No son tus conciudadanos, sino tus enemigos y en esa condición actúan. Y no sigo porque la mugre sigue sola, como cloaca desbordada, a diario.

Luis Tosar, por Txema Arinas

Impecable, por suscribirlo de arriba a abajo, lo traigo, y por dejar un mínimo apoyo a Luis Tosa, buen actor. Txema Arinas tiene, en mi opinión, razón en todo lo que expone.

«Cómo no voy a entender la que le ha caído a Tosar por declarar en una entrevista “De nacer en Euskadi, quizá habría podido acabar en ETA”. A nadie en su sano juicio se le puede pasar por la cabeza que con esas palabras Tosar pretendía justificar, blanquear que se dice ahora, a la organización terrorista, todo lo más confesaba haber hecho un ejercicio de empatía con el personaje que interpreta en la película de Iciar Bollain, Maixabel, después de que éste se haya arrepentido de su militancia etarra y pedido perdón a sus víctimas. Claro que no, pero el problema es que se le olvidó tener en cuenta que en España hay un muy amplio sector de la población que no entiende de matices, que solo entiende las cosas en blanco y negro, que no está dispuesto a hacer ejercicio de empatía alguno con gente como el ex-etarra que interpreta Tosar en la película, porque ya el solo hecho de prestar atención a cualquier cosa que se salga del discurso oficial contra todo lo que tenga que ver con ETA se les antoja poco más que pecado mortal o por el estilo.Yo lo he vivido y vivo de continuo. Sobre todo desde que estoy fuera de EH y era, porque ya me estoy quitando todo lo que puedo, tan incauto como para dar mi opinión sobre el tema de marras sin recurrir a ese blanco y negro que les ha proporcionado durante décadas el discurso oficial y mediático en todo lo relacionado con la violencia en el País Vasco. Un ingenuo que confiaba por principio en la capacidad intelectiva de la persona que tenía delante, siquiera y como poco para discernir entre apoyar a una banda criminal cuya razón de ser era imponer a las bravas su proyecto político a la ciudadanía vasca en su conjunto, y la crítica a las estructuras del Estado Español que durante décadas respondieron a la violencia etarra con su propia violencia, GALes de todo tipo y más de 5000 víctimas de torturas acreditadas por un informe de expertos mediantes, creando, por supuesto, el caldo de cultivo perfecto para que la violencia etarra se retroalimentara hasta el último momento. Craso error porque los matices me convertían de inmediato en un proetarra a los ojos de mi interlocutor. Introducir datos que éste desconocía del todo, como suele ser lo habitual en la inmensa mayoría de aquellos que solo han conocido el conflicto vasco desdela distancia y a través de los medios antes citados, me convertía de inmediato no solo en un equidistante con el dolor de las víctimas de ETA, sino incluso, o sobre todo, en un cómplice de los argumentos de la izquierda abertzale, como si no fuera esta la que se ha beneficiado durante décadas de los errores o crímenes de la otra parte para perseverar en su apoyo a eso que llamaban la lucha armada. Una jodienda y bien grande. Primero porque descubres para tu sorpresa y disgusto que la persona que tienes enfrente es completamente impermeable a todo lo que se salga del discurso oficial, ya sea por miedo a tener que replantearse muchas cosas y en muy poco tiempo, como por mera comodidad intelectual, es decir, porque no les sale a cuenta cuestionarse nada, mejor rechazar de plano lo que le dicen otros por muchos datos, cifras o testimonios que se les pueda proporcionar. A fin de cuentas, lo que impera es asumir cierto relato como verdadero artículo de fe, me refiero al de la lucha inmaculada y heroica contra ETA sin haber nunca quebrantado la propia ley que se decía defender y con escrupuloso respeto a los derechos humanos, bla, bla, bla. Una pamema que solo se la pueden creer los ignorantes que ven las cosas desde la distancia o los que se colocan ellos mismos sus propias antojeras para procurar que la realidad se ajuste a su discurso político y no al revés. Joder, que a mí me hasta me han dicho que todo lo que se hacía en euskera era para financiar a ETA…Insisto, da igual los testimonios, datos, cifras o lo que sea, las películas como la que nos ocupa, novelas, estudios, o lo que sea, frente al relato convenientemente institucionalizado y propagado a todas horas y en todas parte, intentar introducir matices, siquiera solo elementos de discusión, siquiera solo recordar cosas como la de Mikel Zabaltza y tanto otros, te condena de inmediato a ser el saco de todas las hostias tal y como le ha ocurrido a Tosar y a cualquiera que se atreva a seguir su ejemplo: todos somos ETA.

Barojiana, despedida y cierre

Esta noche empezó el otoño, otra estación y otra historia. Así suelo pensar un año detrás de otro, aunque lo más normal es que luego sea la misma y tozuda historia.

Así las cosas, diré que el próximo 8 de octubre me despido de la ciénaga barojiana dando una conferencia sobre el espejo de tinta de Baroja. Y lo hago entre gente a la que no conozco, en unos casos, y en otros a la que no puedo dar la mano ni con cordialidad ni por cortesía, y con la que en consecuencia no puedo compartir nada amable. Qué asco, hostia, qué asco. Con la excepción expresa de la profesora Celia Fernández Prieto, a quien estimo desde hace mucho y de quien guardo recuerdos de días hermosos. Los demás son gente que, como digo, no conozco o ni me interesa ni me gusta, por no decir que lamento haber conocido. Sé que es mutuo porque me lo han demostrado.

Me dirán que para qué acepté dar esta conferencia. Muy sencillo. Por varios motivos. Uno por corresponder a la generosa invitación del profesor Insausti, autor de una obra literaria y ensayística notable. Otro por no decir que no y no colaborar con ello a la leyenda de ogro (batasuno) que me han echado encima: si me invitan, acudo, salvo en caso de fuerza mayor. No juego a maldito, como dice un hijueputa de Logroño. Y otro más, en fin, para despedirme en forma de los afanes de la espesa ciénaga barojiana.

Meses pasados, con la acogida preceptiva, publiqué un copioso ensayo biográfico de Baroja y una gavilla de textos cuyo sentido es mostrar cómo fui en este asunto del entusiasmo al asco más rotundo. No puedo añadir nada a lo que que allí dije. Por liquidar he liquidado hasta mi biblioteca barojiana, no así algún documento sensacional que me sirve para demostrar que nunca actué con abuso de confianza.

El mayor error de mi vida de escritor ha sido ocuparme de Baroja. Bastante más de 2.000 páginas, entre artículos, prólogos, conferencias, ensayos… qué ingenuidad la mía y qué tiempo más desperdiciado.

Tengo más de setenta años y nada que perder y menos que ganar, Baroja pues, a la mierda y para siempre, ni una línea más, ni un libro más, ni mucho menos una conferencia. No saben ustedes el alivio que siento de separarme de ese pringue de barojianos mafiosos, ya cierren filas alrededor del cretino engominado de Dosdedosdefrente o del sucio gánster del inmobiliario.

Los ojos de Elsa (Louis Aragon)

Viene de tan lejos, están los libros tan mareados: estoy como un marino que muere en alta mar atrapado en la red de las estrellas fugaces de tus ojos… lo lees a los veinte años y no se te olvida en la vida… No tengo ganas de traducir ni comprobar el poema

Tus ojos son tan hondos que me incliné a beber

Y vi todos los soles venir a contemplarse

Arrojarse a morir a los desesperados

Tus ojos son tan hondos que pierdo la memoria

A la sombra del pájaro está turbio el océano

De repente el buen tiempo surge y tus ojos cambian

El estío labra nubes en mandiles de ángeles

Nunca es azul el cielo como lo es sobre el trigo

El viento sigue en vano las penas del horizonte

Tus ojos más claros que él cuando brillan con lágrimas

Tus ojos ponen celoso al cielo tras la lluvia

Nunca es azul el vidrio como cuando se quiebra

Madre de los siete dolores oh, luz mojada

Siete espadas punzaron el prisma de colores

El día más doloroso despunta entre las lágrimas

Fresado en negro el iris más azul por el luto

En el dolor tus ojos abren la doble brecha

Por donde se repite el milagro de los Reyes

Cuando vieron los tres —su corazón latiendo—

El manto de María colgado en el pesebre

Una boca abastece a mayo de palabras

Por todas las canciones y todos los suspiros

Muy poco firmamento para millones de astros

Les faltaban tus ojos y sus gemelos íntimos

El niño acaparado por las bellas imágenes

Abre mucho los suyos menos grandiosamente

Cuando fijas los ojos yo no sé si tú mientes

Parece un aguacero que abre flores silvestres

Quizá ocultan relámpagos en la lavanda donde

Los insectos deshacen sus amores violentos

Estoy preso en la red de las estrellas fugaces

Como un marino que muere en el mar en agosto

Partiendo la pecblenda he obtenido este radio

Me he quemado los dedos en el fuego prohibido

Oh, paraíso cien veces recobrado perdido

Tus ojos mi Perú mi Golconda mis Indias

Sucedió que una noche se quebró el universo

Sobre los arrecifes de hogueras de piratas

Y yo veía brillar por encima del mar

Los ojos de Elsa los ojos de Elsa los ojos de Elsa