Tao Yuanming

Regreso a mi antigua morada

En la capital fijé mi residencia,
después de seis años regresé a mi hogar.
Hoy es mi primer día de retorno,
y me siento afligido de inmensa tristeza.

Los senderos entre cultivos no han cambiado;
las casas del pueblo no son las mismas.
Doy vueltas por la zona de mi casa;
de mis viejos vecinos pocos van quedando.

Paso a paso busco mis propias huellas,
ciertos lugares me conmueven con recuerdos.
Ilusiones fugaces de cien años,
frío y calor se alternan cada día.

Con frecuencia temo que mi fin esté cercano,
aunque mi fuerza y energía no estén en decadencia.
¡Dejemos todo esto! ¡Que se olvide tal idea!
¡Más vale tomarnos una copa de buen vino!

El cuerpo se dirige a la sombra

Cielos y tierra por largo tiempo perduran,
montañas y ríos no cambian ni un momento.
Hierbas y árboles poseen el principio de lo permanente,
escarchas y rocíos los hacen florecer y marchitarse.

Al hombre llaman la máxima inteligencia y sabiduría
y es el único que no puede recuperar la vida.
Se le encuentra una vez en este mundo
y de pronto se va sin fecha de retorno.

¿En alguna ocasión es notoria su ausencia?
Los que lo conocían cuánto van a extrañarlo.
Solo deja detrás las cosas de su vida
y llanto en las pupilas de los seres queridos.

No poseo el arte de ser un inmortal.
Seguro que es así. No tengo dudas.
Deberías escuchar bien mis palabras:
cuando tengas buen vino, no dejes que se escape.

La sombra responde al cuerpo

No se puede opinar de retener la vida;
para cuidar la mía no soy capaz de nada.
Me gustaría viajar por los montes Kun y Hua,
pero quedan muy lejos y los caminos son malos.

Desde que tú y yo nos hemos conocido
compartimos las penas y los júbilos.
Si tú estás en lo oscuro parecemos distantes,
pero a la luz del sol nunca nos separamos.

Esta compañía no puede durar siempre,
un día entraremos juntos en lo negro.
Con la muerte del cuerpo se perderá tu fama,
pensar en ese día amarga mis sentidos.

El que hace buenas obras provoca un buen recuerdo,
en buscarlo uno pone todas sus energías.
El vino, como dicen, disipa las tristezas,
pero, ¿qué vale el vino al lado de la fama?

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